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"La industria alimentaria comparte la culpa de la pandemia de obesidad"

En Argentina más del 33% de la población adulta tiene obesidad. Según una prestigiosa revista médica, los productores de alimentos comparten la responsabilidad de las devastadoras consecuencias de la COVID-19 a nivel global.

La obesidad es una pandemia de tipo no infeccioso que causa 2,8 millones de muertes anuales (datos de la OMS previos a la pandemia).

Reino Unido, Francia y Bélgica son algunos de los países que sancionaron leyes que obligan a las industrias a informar en los envases los ingredientes críticos que contienen los productos. Chile fue el pionero en la región y siguó México. En Argentina la ley todavía pasea por comisiones.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad es una pandemia de tipo no infeccioso, que causa 2,8 millones de muertes anuales por enfermedades relacionadas. Estos datos son, incluso, previos al aislamiento por la COVID-19.


En 2016, más de 1.900 millones de adultos tenían sobrepeso u obesidad en todo el mundo, y esta cifra sigue aumentando rápidamente, según la revista médica British Medical Journal (BMJ). 


En Argentina, de acuerdo a los datos de la Segunda Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENNYS 2) del 2019, el 33,9% de la población adulta tiene obesidad. 


Esta enfermedad es una de las principales causas de hipertensión arterial, diabetes tipo 2, enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares y cáncer, y supone una gran carga para los sistemas de salud y las economías. 


 

Obesidad y COVID-19 

El riesgo relativo de enfermedad crítica por coronavirus aumenta en un 44% en personas con sobrepeso y casi se duplica para aquellos con obesidad, según la BMJ. 


A su vez, el riesgo de muerte se incrementa junto a la gravedad de la obesidad, desde un 27% para la primera categoría de obesidad, a más del doble del riesgo en la categoría más alta. 


Hay múltiples mecanismos que podrían explicar la relación entre obesidad y COVID-19. Según la BMJ "la enzima convertidora de angiotensina-2 (ACE-2), la enzima transmembrana que el SARS-CoV-2 usa para la entrada celular, existe en grandes cantidades en personas con obesidad".  


Con todo, "aún no está claro si esto es el resultado de una mayor expresión de ACE-2 en los adipocitos de personas con obesidad o que tienen más tejido adiposo en general (y por lo tanto un mayor número de células que expresan ACE-2)".  


No obstante, se sabe que "el tejido adiposo de las personas con obesidad puede ser un objetivo potencial y un reservorio viral para el SARS-CoV-2 antes de que se propague a otros órganos, como se ha demostrado en casos de otros virus". 


Por otro lado, también puede alterar las respuestas inmunitarias, al igual que sucede con la influenza. Esto "conduce a una defensa del huésped debilitada y una mayor probabilidad de una tormenta de citocinas con COVID-19".  


Finalmente, también "disminuye la función pulmonar debido a una mayor resistencia en las vías respiratorias y una mayor dificultad para expandir los pulmones". 

 


Una ley  

La prestigiosa revista explica que la pandemia de obesidad es el resultado de vivir en entornos alimentarios donde es difícil no consumir calorías en exceso.  


Sobre esto agrega que "la industria alimentaria mundial produce y promueve ampliamente bebidas baratas endulzadas con azúcar y alimentos ultraprocesados con alto contenido de sal, azúcar y grasas saturadas que solo proporcionan una sensación transitoria de saciedad". 


La BMJ asegura que "los gobiernos han hecho muy poco" al respecto. En Argentina, la Ley de Etiquetado frontal de alimentos fue aprobada en noviembre del año pasado en el Senado, pero ahora se trata en las comisiones de Legislación General, Salud, Industria y Defensa del Consumidor.  


Con la reapertura del debate este año, se esperan nuevas presiones y resistencias de parte de la industria alimenticia respaldada por el lobby en contra. A su vez, se teme que el tratamiento en comisiones sea una estrategia para dilatar la sanción. 


El proyecto de ley actual deambula hace años entre los legisladores. De hecho, la actual fue creada ensamblando 13 proyectos presentados en los últimos años por diversos bloques de distintos tintes políticos. 


"Está claro que la industria alimentaria comparte la culpa no solo de la pandemia de obesidad, sino también de la gravedad de la enfermedad COVID-19 y sus devastadoras consecuencias", sostiene la BMJ.


Durante la pandemia, el "aumento de la pobreza alimentaria, las interrupciones en las cadenas de suministro y las compras de pánico pueden generar un acceso limitado a los alimentos frescos, inclinando así la balanza hacia un mayor consumo de alimentos altamente procesados y aquellos con una vida útil prolongada que generalmente es alta en sal, azúcar y grasas saturadas", finaliza.