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La pandemia inauguró una nueva era de vacunas

Lograr vacunas basadas en genes ha sido un objetivo para los científicos en las últimas décadas. La tecnología permitió la creación de Sputnik V, Oxford/AstraZeneca, Johnson & Johnson, Janssen y CanSino.

El brote de COVID-19 ha impulsado el desarrollo de vacunas con tecnologías basadas en genes, lo que sugiere una protección futura contra múltiples enfermedades infecciosas no controladas.

La pandemia inauguró una nueva era de vacunas desarrolladas con tecnologías basadas en genes, técnicas que durante mucho tiempo han sido objetivos de científicos y farmacéuticas. Estos avances acercan la posibilidad de la protección contra múltiples enfermedades infecciosas. 


La última en aprobarse fue la de Johnson & Johnson en Estados Unidos, el sábado pasado. 


Esta clase de inyecciones se diseñan para movilizar las defensas inmunitarias de la persona gracias a un virus (no el Sars-coV-2) que transporta un código genético que combate al coronavirus en las células del cuerpo. 


La tecnología de vanguardia cobró impulso por la pandemia y lidera los esfuerzos para combatirla.  Pero, como si fuera poco, también promete un nuevo arsenal de armas para combatir patógenos letales del futuro.


En la pandemia se conocieron, primer lugar, las vacunas de ARN como la de Pfizer, que utilizan partículas que entregan código genético sintetizado a las células. La tecnología también ha requerido décadas de ensayos a prueba y error. 


Luego, las vacunas de vectores virales dieron con los virus adecuados para transportar ADN modificado al cuerpo. Tales son los casos de Oxford/AstraZeneca, Sputnik V, Johnson & Johnson, Janssen y CanSino. 



Virus inofensivos

Las primeras vacunas para enfermedades infecciosas como el sarampión y la poliomielitis, se elaboraron con base en los virus a los que se dirigían, en versiones inofensivas. Estas inyecciones fortalecen el sistema inmunológico al exponer a las personas al virus, pero sin provocar enfermedades graves. 


Anteriormente, estos desarrollos llevaban décadas, pero durante la pandemia estuvieron prácticamente listas en meses.


Respecto a las vacunas de ARN mensajero y de vectores virales, The Wall Street Journal dice que:


“Casi como los programadores de computadoras, los investigadores escribieron instrucciones genéticas para reunir a los soldados moleculares del sistema inmunológico para combatir el coronavirus. Las vacunas entregan el código genético programado directamente a las células del cuerpo. El ADN o ARN diseñado sirve como una especie de software genético, ordenando al hardware de la célula humana que libere la batalla”.


Los vectores suelen ser adenovirus que causan el resfriado común o adenovirus de chimpancés, como es el caso de Oxford/AstraZeneca.


Esta clase de vacunas ofrece ventajas respecto a las tecnologías más antiguas. En primer lugar, parece que no solo activa los anticuerpos que neutralizan un virus, sino también la memoria y las células T que mantienen alerta a la defensa inmunitaria a largo plazo. 


Por otro lado, se pueden diseñar y fabricar con relativa rapidez, por lo que significa una señal prometedora para enfermedades infecciosas del futuro y otras actuales, como el Zika y la influenza. 


De hecho, ya se ha autorizado el uso de dos vacunas contra el ébola con vectores virales. Y una tecnología relacionada utiliza la misma tecnología para terapias genéticas para tratar algunos cánceres y enfermedades genéticas raras. 



Fuente: The Wall Street Journal