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La soledad en la juventud, un síntoma pandémico subestimado

Sin una crisis sanitaria, los últimos años de la adolescencia y los primeros de los 20 suelen ser desconcertantes. Pero este último año incluso perdieron todo lo que solía ser familiar, lo que daba estructura a sus vidas, lo previsible y lo normal.

Las tasas de pensamientos y comportamientos suicidas aumentaron en un 25% o más en comparación con períodos similares de 2019, según un análisis recién publicado de pacientes jóvenes que ingresaron a las salas de emergencias de Estados Unidos.

Más de un tercio de los 950 estadounidenses encuestados por Harvard informaron sentirse solos al menos "con frecuencia", en octubre.

La mayoría de los adolescentes y los jóvenes han podido atravesar este año de pandemia con cierta estabilidad, sobre todo si contaron con familias y círculos de soporte saludables y económicamente estables. Seguramente han pasado periodos de irritabilidad y momentos de extrañar a seres queridos, pero las redes de apoyo han sido suficientes.  


Sin embargo, la vida pandémica presenta desafíos inusuales para otros grupos. Incluso sin el virus amenazando la vida, los últimos años de la adolescencia y los primeros de los 20, suelen ser desconcertantes.


Las encuestas muestran que a los jóvenes que son ansiosos por naturaleza, o que ya se sienten emocionalmente frágiles, la pandemia y el aislamiento los han llevado al borde del abismo. 


Las tasas de pensamientos y comportamientos suicidas aumentaron en un 25% o más en comparación con períodos similares del 2019, de acuerdo a una encuesta recién publicada de ingresos a salas de emergencias en Estados Unidos. 


Durante la mayor parte de 2020, la proporción de admisiones de emergencia pediátricas por problemas mentales, como por pánico y ansiedad, aumentó un 24% en niños pequeños y un 31% en adolescentes en comparación con el año anterior, según un informe reciente de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, Estados Unidos). 


 

Sin diagnóstico

Los jóvenes y niños afectados por las circunstancias sanitarias no necesariamente califican para un diagnóstico psiquiátrico, ni están "traumatizados" en el sentido estricto de la palabra. Más bien, son niños, niñas, adolescentes y jóvenes que están tratando de manejar una interrupción anormal en sus vidas.  


La pandemia ha sido “una suspensión repentina e indefinida de casi todas las rutinas y conexiones sociales, que deja una profunda pero vaga sensación de pérdida sin una fuente única y distinta”, describe The New York Times.


Este no-diagnóstico implica un dolor para estas personas, pero sin una causa específica. Algunos psicólogos denominan a esta condición como una "pérdida ambigua", que es lo que suelen experimentar los inmigrantes, los sobrevivientes de desastres, entre otros.


Los estudiantes se pueden sentir desconectados de su vida social normal, los adultos jóvenes con exceso de trabajo pueden sentirse alejados de sus sistemas de apoyo y para los niños la virtualidad no es suficiente. 


De hecho, según una encuesta de la Escuela de Graduados de Educación de Harvard, más de un tercio de 950 estadounidenses informaron sentirse solos "con frecuencia", en una encuesta realizada en octubre. 


La estadística es significativamente más alta que la cuarta parte de los encuestados que recordaron haber sentido una gran soledad en los dos meses anteriores a la pandemia. Además, el 28% de los encuestados dijo que había experimentado un aumento en la frecuencia de las sensaciones de soledad.