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Petroleras y republicanos intentan frenar el arribo de Haaland, enemiga del fracking

Deb Haaland sería la primera integrante de un gabinete presidencial descendiente de nativos norteamericanos. Desde 2016 ella se ha unido a las protestas contra el oleoductos Dakota Access y se ha opuesto al fracking. Las petroleras lucen preocupadas.

Deb Haaland, descendiente de pueblos originarios, representante demócrata y casi casi titular de Interior con Joe Biden, tendrá que lidiar con los productores del fracking.

La lucha contra el ducto Dakota Access, que impactaba en reservas indígenas, fue una de las causas de Deb Halland.

Territorio del fracking en USA.

Deb Haaland podría coprotagonizar un cambio histórico en la relación del gobierno de los Estados Unidos con el petróleo, afirma Timothy Puko, en The Wall Street Journal.

Pero los republicanos quieren impedir el arribo de Haaland al equipo de Joe Biden. Promete ser una batalla considerable.

Imposible no recordar que muchos senadores tienen al fracking entre sus abanicos de patrocinantes. El caso más conocido es el de Ted Cruz, de Texas, quien además se exhibió como un cruzado pro-Trump cuando hubo que acompañarlo en la falsa denuncia del fraude electoral.

Propiedad de News Corp., de Rupert Murdoch, cuyos medios en USA se encuentran vinculados a las ideas de los republicanos estadounidenses, el WSJ editorializó a favor de la reelección de Donald Trump, aunque con más elegancia que el otro matutino de Murdoch en la Gran Manzana, el New York Post.

De todos modos, el WSJ se defiende básicamente con los intereses de las empresas que integran el índice S&P500, y aunque Exxon se encuentre en desgracia, permanece Chevron. Y los bancos, que tienen sus cuentas apalancadas en el fracking estadounidense. Ahora sí, a la nota de de Puko acerca de Deb Haaland, candidata a secretaria de Interior, a cargo de la supervisión de los parques nacionales, la Oficina de Asuntos Indígenas y el programa federal de petróleo y gas, que ocurre en territorios fiscales.

El personaje

Deb tendrá que ser confirmada por el Senado como la candidata del presidente Joe Biden a secretaria del Interior, y los republicanos se están preparando para la pelea.

Días atrás, la congresista demócrata de Nuevo México se unió a los manifestantes contra un oleoducto, apoyó la causa del Green New Deal o el Desarrollo Verde y -al igual que Joe Biden- se opuso al fracking en tierras fiscales. 

Para un puesto en el gabinete que supervisa la contaminante asociación multimillonaria y de larga data del gobierno con perforadores en tierras federales, la política ambiental de Haaland contrasta con la de sus predecesores.

“El fracking es un peligro para el aire que respiramos y el agua que bebemos”, escribió en 2017, un año antes de ser elegida para el Congreso. "La subasta de nuestra tierra para fracking y perforación sirve solo para generar ganancias para unos pocos".

En favor de Haaland hay que destacar que jamás ocultó sus opiniones, y que la tendencia global va de su lado, no de los republicanos.

El debate

El fracking se ha convertido en la fuente de la mayor parte del petróleo y el gas en USA, que gracias al fracking pasó de importador a exportador de hidrocarburos.

También es cierto que por el fracking, USA se convirtió en un enemigo del cambio climático.

Los estados productos de combustibles fósiles no piensan en la contaminación sino en el empleo y los recursos, a la vez que lucen incapaces o desinteresados en una reconversión de recursos.

Por lo tanto, se oponen a Haaland. 

"No han antecedentes de una candidata que ha tomado las posiciones más radicales y apoya las políticas más radicales sobre recursos naturales", dijo el senador Steve Daines (Republicano por Montana). "Muchos de nuestros estados del Oeste dependen de los ingresos que provienen de esas tierras federales para financiar a sus gobiernos".

El comité de Energía del Senado no ha fijado una fecha para la audiencia de confirmación de Haaland. El senador Daines dijo que buscaría apelar al Reglamento para demorar la fecha si ella no puede responder a sus preocupaciones.

Los republicanos intentan organizar un frente con los demócratas moderados que representan a estados productores de combustibles fósiles, incluido el presidente del comité, el senador Joe Manchin (Demócrata por West Virginia). 
Manchin no ha anunciado una decisión sobre Haaland, pero le dijo a la publicación E&E News que "será amable y tratará de ayudar a cada uno de los nombrados por Joe (Biden)".

Lo cierto es que más allá de Haaland, la industria del petróleo y el gas, fervientemente trumpista, está en curso de colisión con la Administración Biden. En ese contexto, es clave el control del Departamento del Interior. 

El presidente Biden ya ordenó una prohibición temporal de nuevos arrendamientos de petróleo y gas en terrenos federales, ya que busca promover la conservación y fuentes alternativas de energía para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero.

Pueblos originarios

“La gente se siente incómoda porque ella tiene sus opiniones. Y ella provoca que el gas y el petróleo se sientan incómodos porque no es complice", dijo el representante Raúl Grijalva (Demócrata por Arizona), quien trabajó con Haaland mientras ella fue la presidenta del comité de la Cámara Baja que supervisa el Departamento del Interior.

Las personas que han trabajado con ella dicen que sus puntos de vista ambientales han sido moldeados por su herencia nativa norteamericana. Ella es miembro de la comunidad originaria de la reserva Pueblo de Laguna, al oeste de Albuquerque, y durante años supervisó las empresas comerciales de la tribu.

Haaland tiene licenciaturas en Inglés y en Derecho por la Universidad de Nuevo México, como emprendedora inició un negocio de salsas y fue elegida la primera presidenta de Laguna Development Corp., que administra juegos de azar y otros negocios de la tribu en Nueva México.

Sus iniciativas ambientales reivindican a las comunidades tribales dañadas por la extracción de uranio, petróleo y gas.

Desde los años 1950 hasta 1980, tribus indígenas comenzaron a abandonar la agricultura y la ganadería para depender del trabajo en la gigantesca mina de uranio Jackpile-Paguate, cavada en territorio indio alquilado a través del Ministerio del Interior. 

Ahora abandonada, Jackpile-Paguate está en la lista para limpieza.

También otra mina de uranio en tierras cercanas a la reserva de Haaland, administrada por Homestake Mining Co. 

Lo que viene

Haaland supervisaría los programas de tierras públicas, incluidos los intereses de perforación y minería, que generan US$ 10.000 millones al año en ingresos para el gobierno federal, que comparte 33% de ese dinero con los estados y las tribus. 

Incluso si fueran prohibidos conceder nuevos arrendamientos, los arrendamientos actuales se mantendrán y esto requiere que Haaland trabaje con compañías petroleras con las que mantiene una relación difícil.

"Sus declaraciones públicas han sido bastante antagónicas y hostiles. Simplemente no hay dos formas de evitarlo", dijo Ryan Flynn, líder de la Asociación de Petróleo y Gas de Nuevo México, el grupo de lobby de la industria petrolera en el estado natal de Haaland.

El desarrollo de petróleo y gas puso US$ 2.800 millones en las arcas del estado en 2020, 33% de los fondos generales de Nueva México. 

De ese dinero, más de 40% provino de operaciones en terrenos federales, según la asociación de petróleo y gas.

Pero Haaland no es ignorante ni torpe. Sin duda tiene un plan, además de conocer las consecuencias. Tal como todos los pueblos originarios, conoce que no es un tema de la coyuntura.