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Desde el campo al agua, los agrotóxicos terminan en branquias de peces muertos

El fenómeno de la mortandad de los animales acuáticos tiene múltiples causas, pero una de ellas es la presencia de fertilizantes que se utilizan ampliamente en los cultivos lindantes al río y en todo el país.

En vida, los peces demostraban conductas inusuales como salir del agua para respirar.

Los científicos encontraron rastros del herbicida 2,4-D en branquias e hígado de sábalos.

La relación causal entre la contaminación y la mortandad no es causal, pero el glifosato en las aguas del Río Salado son alarmantes.

Ambientalistas y científicos ya lo intuían. Los cientos de peces que aparecieron en diciembre flotando en el Río Salado en Santa Fe tenían niveles preocupantes de agrotóxicos. 


La mortandad comenzó en la localidad de Recreo, luego en San Justo y también en Santo Tomé. Sábalos, dorados y carpas flotaban sobre la línea del agua. 


Ante el fenómeno, investigadores del Conicet y de la Universidad Nacional del Litoral se dispusieron a analizar, a pedido de la Procuración General de la Corte Suprema de Justicia santafesina, las muestras de los peces. 


El informe incluye diversas especies en dos puntos del norte provincial. Los científicos hallaron rastros del herbicida 2,4-D y dos versiones del insecticida clorpirifos (neurotóxico prohibido en la Unión Europea). 


Ambos son común y ampliamente usados en el país en cultivos de soja, maíz, trigo y girasol. A pesar que no se estableció una relación causal entre los niveles de los tóxicos y la mortandad, dado que fue multicausal, sí arrojó datos altamente preocupantes.  


El río Salado nace en Salta y desemboca en el río Paraná. En su trayecto de 650 kilómetros por Santa Fe atraviesa algunas de las zonas más áridas de la provincia. 


Como es un recurso indispensable para la vida y las economías regionales, la ley provincial santafesina prohíbe el uso de agroquímicos en un radio de 500 metros del cauce fluvial si se trata de aspersión terrestre y en mil metros cuando se aplica de forma aérea. 


Los descubrimientos son lamentables, pero no sorprenden. En 2016 ya se había comprobado en una investigación de rigurosidad que toda la cuenca del río Paraná estaba contaminada con glifosato.  


Los autores del estudio son Rafael Lajmanovich, Paola Peltzer y Maximiliano Attademo (UNL y Conicet).