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La explicación de COVID grave es la misma que la del envejecimiento

El acortamiento de los telómeros como consecuencia de una infección obstaculiza la regeneración de los tejidos. Por este motivo, muchos adultos mayores sufren secuelas prolongadas.

Un telómero es la porción final del cromosoma. Se trata de secuencias repetitivas de ADN que protegen de daños. Cada vez que una célula se divide, los telómeros se acortan. Con el tiempo, se vuelven tan cortos que la célula ya no puede dividirse.

Los pacientes con COVID-19 grave tienen telómeros significativamente más cortos, según un estudio realizado en España y publicado en la revista Aging.

Ilustración de un telómero del Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano (Estados Unidos).

Los telómeros son estructuras que protegen a los cromosomas, presentes en todas las células del cuerpo humano. Es ampliamente conocido que la longitud de estos elementos es un indicador de envejecimiento.


Cada vez que la célula se divide, los telómeros se acortan. Este proceso ocurre constantemente durante toda la vida para recuperar tejidos. 


Sin embargo, llega un punto en que no pueden achicarse más y dejan de ejercer su función protectora. En esta instancia, la célula dañada deja de dividirse y el organismo envejece. 


Se descubrió recientemente que los pacientes con COVID-19 grave tienen telómeros significativamente más cortos, de acuerdo a un estudio realizado en España (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas en colaboración con el Hospital de Campaña COVID-IFEMA). Los resultados se publicaron en la revista Aging 


El trabajo exhibe que el acortamiento de los telómeros como consecuencia de la infección vírica impide la regeneración de los tejidos, y que por eso una parte importante de pacientes sufre secuelas prolongadas. 


Previo a la pandemia, el equipo había estado trabajando en una terapia de regeneración del tejido pulmonar en pacientes con fibrosis. Pero su desarrollo ahora también podría ayudar a personas con lesiones pulmonares post coronavirus. 


El tratamiento tardaría al menos un año y medio en estar disponible. Hasta el momento, han probado en ratones que es posible revertir el acortamiento de los telómeros activando la producción de la enzima telomerasa, responsable de realargarlos.