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El infierno de Ivanka será no regresar a la élite de Manhattan

Ivanka Trump fue, desde niña, habitante de la élite neoyorkina. Adolescente, ya participaba en programas de TV llevada por su influyente padre Donald. El casamiento con Jared Kushner fue la alianza con la élite de los negocios inmobiliarios de New Jersey, y además el ingreso al círculo más exclusivo de los judíos millonarios en USA. Durante los recientes 4 años, en los que su padre le concedió protagonismo, Ivanka permaneció en el Top of the World pero no iba mucho a New York, prefería WDC. Sin embargo, ahora ella ha quedado atrapada en la implosión de la marca de su padre, y se le plantea un gran dilema no previsto: cómo sobrevivir a las consecuencias.

Vanity Fair: "Ivanka y su marido, Jared Kushner, han pasado los últimos cinco años interpretando una remilgada danza evitando la realidad, girando en cambio en torno a su propio universo paralelo. Cuando les venía bien, eran las voces en las que más confiaba el presidente, con una presencia y unas responsabilidades de gran talla. Cuando les era menos ventajoso, desaparecían de la vista. En cuanto a su influencia, bien, había solo algunas cosas que podían hacer o decir. Al fin y al cabo de trataba de 'papá'."

No les quedan amigos, pero hasta hace unos días, había mucha gente que habría tolerado a Ivanka y a Jared; o que al menos se habría mordido la lengua: gente que les ha conocido durante años, gente que se aguantaría y haría negocios con ellos, gente a la que no le importa mucho la administración Trump pero a la que seguramente no molestó la bajada de impuestos, la desregulación, la proximidad al poder. Como tal, mantuvieron su desdén en silencio, al menos más allá de sus círculos sociales más inmediatos.

Bob Sommer, quien representó los negocios familiares de la familia Kushner y fue presidente de The New York Observer, que fue propiedad de Jared Kushner, le mandó un correo electrónico al padre de Jared, expresando su indignación con lo que estaba viendo. Según The New York Times, Sommer le envió a Ivanka un mensaje diciéndole que estaba horrorizado por “haber asistido a tu boda”. Otro amigo de la pareja le contó a Vanity Fair: “Parece que todo el mundo del Upper East Side me está escribiendo hoy. De repente todos quieren unirse a la resistencia”.

El futuro de los Kushner Trump ya había ingresado a debate cuando mudaron el colegio de sus hijos, consecuencia de una reyerta con padres que cuestionaban a Donald Trump. No los mudaron a Nueva York. Por entonces ya se insistía en que la élite de Manhattan no aceptaría a Ivanka, y menos a Jared, y que muy probablemente ellos se marcharan a Florida antes de residir en la Gran Manzana pero con menor statu-quo social.

Todas estas especulaciones ahora tienen nuevo protagonismo, y Celia Walden escribió al respecto en el británico Daily Telegraph, que no es de izquierda (Boris Johnson fue su corresponsal en Bruselas, Bélgica, sede de la Unión Europea, por ejemplo).

Walden tiene autoridad para escribir sobre Ivanka, por una cuestión social. Periodista, novelista y crítica británica, hija del ex parlamentario por el Partido Conservador, George Walden, educada en Westminster School y en la Universidad de Cambridge.

Celia escribe:

"Cuando entrevisté a Graydon Carter en julio pasado, el ex editor de Vanity Fair dijo algo sobre Donald Trump que me quedó grabado y que ahora parece inquietantemente profético. "Siempre pensé que era un cobarde", dijo sobre el hombre extrañamente "de manos pequeñas" que conoce desde hace más de 40 años. "Él es el tipo de persona que, si lo arrojan de un bar, romperá la ventana con su codo al salir".

Esa metáfora se hizo realidad el miércoles 06/01. Sólo que los títeres "patriotas" del Presidente no solo usaron los codos para romper las ventanas y puertas del Capitolio, un monumento a los ideales estadounidenses de democracia y libertad, sino palancas y palos.

Las "sólidas barandillas" que Carter sintió que debían "colocarse junto a él durante ese período, entre las elecciones de noviembre y enero" habrían resultado inútiles bajo un ataque tan ferozmente aguijoneado. Y la hija de Trump, Ivanka, supuestamente tuvo que advertirle que enfrentaría la destitución inmediata de su cargo, ya sea a través de un juicio político o la invocación de la 25ta. enmienda, a menos que condenara esta violencia y anarquía y pidiera una "transición ordenada del poder". Solo esto hizo efecto en el Presidente. Un cambio de sentido que sonó falso y hueco, y resultó demasiado poco, demasiado tarde.

Hoy, el 56% de los estadounidenses quieren que se destituya a Trump de su cargo. En un lenguaje que él, como hombre de negocios, debería entender, ha quemado su marca hasta tal punto que todo y todos los relacionados con esa marca han quedado ennegrecidos y carbonizados. Eso debe incluir a Ivanka, la chica dorada que alguna vez fue vista como la única voz de la razón que escucharía y la única persona capaz de llevarlo de regreso desde un borde al que, sin embargo, se arrojó una y otra vez.

En ese sentido, y en otros, falló la presunción. Y se ha erosionado la simpatía que sentí inicialmente por una mujer a la que conocí dos veces y entrevisté una vez, en 2012, cuando cualquier ambición presidencial que su padre fomentara se hubiera tomado como el final de la broma de la cena en la que deberían haber permanecido.

En Trump Tower

En esa entrevista, realizada en su oficina de la esquina de la Trump Tower, con vista a la Quinta Avenida, la graduada de Wharton Business School se mostró impresionantemente serena y consciente de sí misma. 

“Sabía desde el principio que no importaba lo que lograra, siempre habría alguien que dijera 'Ella nunca hubiera podido hacer eso sin sus padres'. ¿Y sabes qué? No puedo discutir con eso, porque es hipotético. Entonces, en lugar de pensar en eso, decidí que lo que me importa es que soy respetada por las personas con las que interactúo, no por las personas que han decidido no gustarles", dijo ella.

Nueve años después, solo se puede ver que su padre redujo, en lugar de impulsar, sus logros, y es probable que el antagonismo que Ivanka enfrentará ahora sea más vehemente que cualquier cosa que haya experimentado antes.

Es algo suficiente si se considera que, incluso al comienzo de la presidencia de Trump, según un amigo mío con un hijo en la misma escuela que el suyo, los padres amenazaban con retirar a sus hijos cuando los nietos de Trump fueron admitidos por primera vez.

Ese tipo de comportamiento todavía me parece tremendamente injusto ahora. 

Pero gran parte del respeto que Ivanka se había ganado se habrá perdido por sus propias acciones: su decisión de ser no solo una Primera Hija, sino una asesora paga del Presidente, y que Jared Kushner, su esposo, se enfrente a un enorme análisis y responsabilidades; su cálculo de que jugar con los partidarios más bajos de su padre en las redes sociales era el camino a seguir, un cálculo que se sintió aún más cínicamente motivado porque debe haber ido en contra de sus propios instintos y su inteligencia y fue personificado por un tweet eliminado apresuradamente en el que llamó a los insurrectos que irrumpieron en el Capitolio "patriotas estadounidenses".

Sin esperanza

Cualquier esperanza que ella y su esposo pudieran haber tenido de reinsertarse en la élite liberal de Manhattan al que alguna vez pertenecieron, ahora se desvanecieron.

La autora estadounidense Jill Kargman, famosa por escribir la comedia de televisión 'Odd Mom Out', acerca de madres millonarias del sofisticado Upper East Side llamada Odd Mom Out, recientemente comparó cualquier intento de reinserción con “Glenn Close, al final de Dangerous Liaisons (Relaciones Peligrosas), con toda la ópera burlándose”, la pareja aparentemente ahora está considerando mudarse a Florida, donde Ivanka está pensando en embarcarse en una candidatura al Senado.

Ella es lo suficientemente inteligente y capacitada para tener una carrera lucrativa en el "desarrollo y adquisiciones" que una vez manejó en la Organización Trump. Pero es difícil imaginar que una carrera política derivada pueda ser una opción viable en este momento.

Y ahora me encantaría escucharla responder a una pregunta que le hizo el columnista del New York Times, Frank Bruni, en noviembre, cuando se dirigió directamente a Ivanka: "¿Valió la pena?".