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¡Ojo! No solo hay que erradicar la COVID, hay otras pandemias latentes

Argentina anunció hoy sus nuevas metas climáticas en línea con el Acuerdo de París. Los objetivos contribuirán a solucionar el problema desde el mismísimo origen: la nociva relación con la naturaleza, clave del brote actual y de los próximos. 

El origen de la COVID-19 es zoonótico, es decir que actividades como la deforestación, urbanización, el tráfico de especies y la invasión del mundo natural causan brotes en animales que saltan a humanos.

De acuerdo a la Organización Meteorológica Mundial, el 2020 cierra la década (2011-2020) más cálida desde que se tienen registros. El año que se deja atrás pronto se definirá como uno de los tres más calientes registrados.

El 2020 será recordado por el inicio de la pandemia de coronavirus que, lamentablemente, no terminará con la llegada del nuevo año.

Pero además, es el año que evidenció los resultados que puede generar un cambio de vínculo de las personas hacia la naturaleza. Así sucedió durante el breve confinamiento mundial entre marzo y abril, que demostró el daño que inflige la actividad humana al ambiente.

A pesar de su fugacidad y de que no representó mejoras significativas al promedio anual de emisiones de dióxido de carbono, sirvió como moraleja paralela a la de la pandemia. 

Por un lado, la COVID-19 no es la primera (y en este camino tampoco la última) enfermedad de origen zoonótico. En las últimas décadas aumentó el consumo de derivados animales, se instaló la agricultura intensiva, especies silvestres fueron traficadas, los recursos naturales se agotaron al ritmo de la urbanización y la alimentación se degradó profundamente. 

En esta olla de humanos débiles y animales enfermos surgió el virus Sars-cov-2 y es también el caldo de cultivo para la aparición de otros patógenos mortales.

Por el otro lado, la breve interrupción industrial expuso que hasta la menor reducción de emisiones contaminantes, le brinda un respiro al aire, agua, a los suelos y al reino animal.

Significativamente, el último día del fatídico 2020 Argentina informa sus nuevas metas medioambientales en línea con el Acuerdo de París. No son, o no deberían ser, simple palabrerío sino el compromiso de prevenir nuevas pandemias y la esperanza de cambiar la relación humano-naturaleza.


Contribuciones
El Gabinete Nacional de Cambio Climático (GNCC) informó hoy la publicación de la Segunda Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) de la Argentina, como aporte a la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC).

Los NDC son las promesas de reducción de emisiones que hace cada país luego del Acuerdo de París de 2015. 

Las emisiones se incrementaron en un 43% entre 1990 y 2014 en el país. En la línea actual, se estima que las tendencia llevará a un aumento del 470 MtCO2e para 2030.

Sin embargo, la nueva estrategia de desarrollo con meta en el 2030 implica no exceder la emisión neta de 359 MtCO2e. Es decir que equivale a una disminución total del 19% de las emisiones en comparación con el máximo histórico de emisiones alcanzado en el año 2007, y una reducción del 25,7% respecto de la NDC anterior.

El reciente documento asegura tal objetivo con la propuesta de 35 medidas de adaptación disponibles en este link, que priorizan a las comunidades y grupos vulnerables, y con enfoque de género.