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En el arbolito del Viejo Mundo encontraron un Brexit de paz... por ahora

El primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, y Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, acordaron después de 9 meses de negociaciones, que culminaron con un regateo en Nochebuena sobre los derechos de pesca. Un optimista Johnson dijo que Gran Bretaña había asegurado sus objetivos de negociación: "Hemos recuperado el control de nuestras leyes y nuestro destino", dijo. Añadió que era "un buen negocio para toda Europa". El ambiente en Bruselas era más sobrio, y la Sra. Von der Leyen dijo que uno de sus principales sentimientos era el "alivio" de que "finalmente podemos dejar atrás el Brexit". "Para nuestros amigos en el Reino Unido, quiero decirles que la despedida es una pena muy dulce", agregó. La UE afirmó haber defendido sus intereses en una negociación en la que buscaba evitar una agresiva subcotización de sus negocios y defender a sus pescadores.

Nigel Paul Farage, ex broker de commodity en la City de Londres, líder del Partido del Brexit. Ha dinamitado 'la City' y lo más interesante está por llegar: para un acuerdo con USA, el Brexit llega tarde. Donald Trump era mejor opción que Joe Biden. Luego, el Reino Unido tendrá que mirar hacia adentro: Escocia quiere la autodeterminación, en Irlanda del Norte la población católica (y pro-Irlanda) a punto de superar a los protestantes pro-británicos, e Inglaterra dividida entre un sur rico y un norte pobre.

El acuerdo entrará en vigor el 01/01/2021, garantizando el comercio libre de aranceles en la mayoría de los bienes y creando una plataforma para la cooperación futura en temas como la lucha contra el crimen, la energía y el intercambio de datos.

En una señal de que el acuerdo podría calmar el amargo debate sobre Europa que ha dominado la política británica durante décadas, Nigel Farage, líder del partido Brexit, declaró: "En lo importante, la guerra ha terminado".

El primer ministro Boris Johnson dijo que el acuerdo acabaría con el rencor de los últimos años y permitiría a Gran Bretaña actuar como "un contrafuerte volante" para la UE: ¿? 

Un aliviado Michel Barnier, que dirigió tensas negociaciones sobre el Brexit para la UE durante más de 4 años, escribió n Twitter: "El tiempo ya no corre".

Aunque el acuerdo no se acerca a replicar la relación comercial existente de Gran Bretaña con la UE (Reino Unido está abandonando la unión aduanera y el mercado único), un divorcio amistoso debería ayudar a aliviar el caos potencial en la frontera desde enero, cuando el comercio estará sujeto a declaraciones y controles aduaneros.

Johnson admitió que el acuerdo no logró "tanto como nos hubiera gustado" para los servicios financieros. 'La City' londinense tendrá que reinvertarse, con horizonte incierto.

"Esto es más fuerte que los acuerdos anteriores de la UE, y mucho más fuerte de lo que quería el Reino Unido", dijo David Henig, director del Proyecto de Política Comercial del Reino Unido y ex negociador comercial. "Los detalles exactos serán importantes, pero definitivamente será un incentivo para que el Reino Unido se mantenga ampliamente alineado con el trabajo, el medio ambiente y las ayudas estatales".

El acuerdo de 500 páginas se selló después de conversaciones de toda la noche sobre la asignación de derechos de pesca posteriores al Brexit en aguas del Reino Unido, que se prolongaron hasta el jueves 24/12 por la tarde.

El parlamento británico se reunirá en una sesión de emergencia el 30/12 para aprobar la legislación necesaria. Keir Starmer, líder laborista, dijo que su partido respaldaría el acuerdo y confirmó que se aprobará con una gran mayoría.

Las dudas


"(...) Desde luego, los brexiters -con Johnson a la cabeza- pueden celebrar sin ambages. Hace menos de una década los euroescépticos eran apenas unas decenas de rebeldes en el gallinero de la bancada parlamentaria conservadora. Pero la inconsciencia de David Cameron les ha dado todo: ahora controlan el Gobierno, son una mayoría aplastante en su partido y no solo han sacado al Reino Unido de la UE, sino que han logrado una salida mucho más dura y radical de lo que nadie imaginaba en un principio. 

Este acuerdo es la versión más dura posible del Brexit, solo por detrás del caos más absoluto que plasmaban, como si de una advertencia bíblica se tratara, las interminables colas de camiones provocadas por el covid en la frontera con Francia en estos últimos días. Unos atascos que podrían haberse convertido en permanentes sin el acuerdo de este jueves.

A primera vista, el acuerdo es redondo: libre comercio de bienes, sin aranceles ni cuotas. Sin embargo, la lista de 'peros' comienza aquí y se extiende hasta el infinito. De entrada, los acuerdos en el sector servicios, que supone un 80% de la economía británica, serán muy básicos. Bancos, empresas de tecnología, empresas de transporte y viajes, consultorías y un largo etcétera de negocios que aportan billones de libras anuales al PIB británico perderán su 'pasaporte' a la UE y tendrán que seguir las normas que cada estado miembro aplique a terceros países, o abrir filiales. El éxodo de la 'City' de Londres se completará en cuestión de días, y gran parte del negocio que se vea obligado a marcharse no volverá.

A eso se suman todos los problemas de trabas no arancelarias: controles sanitarios, declaraciones de exportación, reglas de origen y una lista de papeleo que todas las empresas de la UE se pueden ahorrar. La diferencia entre estar dentro del mercado común o poder vender en él es mucho más grande de lo que se imagina, y puede suponer una pérdida de varios puntos del PIB.

Soberanía con límites

Pero la clave es que este acuerdo pone muchas trabas al objetivo prioritario de los brexiters: reformar sus leyes y regulaciones y poder ejercer su soberanía para competir con la UE desde una posición de ventaja. El texto, básicamente, dice que 'tenéis el poder de aprobar las leyes que queráis, pero si os alejáis mucho de la órbita europea, se acabó el comercio sin aranceles'. En resumen: Reino Unido tiene la soberanía para elegir quedarse más o menos igual que antes, pero en peores condiciones.

Y, a lo mejor esta es la mejor solución para la mente británica. Desde la firma del Tratado de Maastricht, cuatro primeros ministros 'tories' han caído por culpa de la incomodidad que la pertenencia a la UE suponía para el país. Ni los laboristas, claramente proeuropeos, se atrevieron a entrar en el Euro cuando Tony Blair disfrutaba de mayorías aplastantes y el apoyo de alguno de los principales medios euroescépticos. Quizá cerrar la frontera y controlar la inmigración sea lo que necesite el país para estar a gusto, aunque sea a costa de perder un par de puntos de su PIB.

La mala noticia es que, tras haber cerrado la 'cuestión europea', el país ya no tiene excusa para no mirar adentro y ver que el Reino Unido sufre de una crisis territorial galopante, con los independentistas escoceses al alza -y el Brexit como gasolina para su fuego-, Irlanda del Norte separada jurídicamente del resto del país y con la población católica (y pro-Irlanda) a punto de superar a los protestantes pro-británicos, y con Inglaterra dividida entre un sur rico y un norte más pobre que algunas regiones de la Europa del Este.

Pero, sobre todo, la pregunta que deja este acuerdo es qué pasará cuando las empresas se den cuenta de que el nuevo libre comercio no es tan libre como les prometió Johnson, o que los EEUU, de Joe Biden, no van a salvarles con un acuerdo muy favorable. En los próximos años no habrá grandes movimientos, porque todo el mundo, dentro y fuera, está harto del Brexit a estas alturas. 

Pero cuando los efectos de esta marcha sean visibles, quizá en 2024 cuando haya que revisar el pacto, o en una década, que a nadie le extrañe si el Gobierno de entonces decide desempolvar este acuerdo y sentarse de nuevo con Bruselas para mejorarlo, como ya ha prometido el líder de la oposición, Keir Starmer. Lo de hoy es un punto y seguido en la relación de amor y odio entre Reino Unido y la UE. Nadie sabe aún cuándo se empezará a escribir el próximo capítulo, pero lo habrá."