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La tierra se mueve y el agua es tóxica en Vaca Muerta

Se habla del "lado B" del yacimiento, pero los daños cada vez se vuelven más protagonistas. Esta semana se visibilizaron los residuos contaminantes, pero es solo una arista de los múltiples efectos colaterales del negocio.

Vaca Muerta​ es un yacimiento de 30 mil kilómetros cuadrados de formación geológica de shale. Geográficamente se sitúa en la cuenca neuquina​ y abarca las provincias de Neuquén, Río Negro, La Pampa y Mendoza.

El ministro de Energía de Neuquén cree que para el próximo año "hay muy buenas perspectivas", en cuanto a la producción y exportación de petróleo de Vaca Muerta. 


No obstante, las noticias son buenas para los dueños del capital, dado que los habitantes de la región ya están cansados de los sismos y la contaminación todavía no ha llegado a dimensionarse. 

En pleno año de pandemia, se registraron 41 sismos a causa del fracking. El último tuvo una intensidad de 2.6°. 

El método de hidrofractura, como la palabra en español lo indica, consiste en la perforación de la tierra y la inyección de agua y químicos para extraer el gas. Pero el método no convencional también está destruyendo la tierra e invadiendo las aguas con materiales tóxicos. 

El lunes, luego de una denuncia de la Asociación de Abogados Ambientalistas al Ministerio Público Fiscal del jueves pasado, se procedió a realizar un allanamiento en dos plantas de Comarsa

Los denunciantes aportaron mapas, datos, fotos e imágenes satelitales, que demuestran que en una superficie de 46,5 hectáreas se acumulan un total de 401 mil metros cúbicos de material altamente tóxico.

Aparentemente, las plantas no poseen la capacidad para tratar adecuadamente los residuos petroleros, "por lo cual no hacen otra cosa que juntarlos, ya sea en piletones improvisados, construidos sin impermeabilización o mezclados con suelos no contaminados, generando más y más residuos peligrosos".

Los residuos no solo están dentro de ejidos municipales sino que funcionan en terrenos fiscales.