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El debate demócrata es si gobernarán los moderados o los progres

Joe Biden y Elizabeth Warren, 2 visiones contradictorias de los demócratas.

Sean Sullivan y Rachael Bade expusieron el problema en The Washington Post:

"Jamaal Bowman y Cori Bush fueron 2 de las estrellas liberales más destacadas de las elecciones de este año, derrocando -en las primarias- a poderosos demócratas de la Cámara en su camino hacia la conquista de sus escaños.

Pero ahora, como gran parte de la izquierda, se esfuerzan por ejercer su influencia en un partido liderado por el presidente electo Joe Biden, un centrista declarado, y sus aliados moderados en Capitol Hill.

Durante una reciente llamada privada con el equipo de Biden, Bowman instó al Presidente electo a considerar nombramientos específicos para el gabinete.

Bush ha tenido conversaciones con James E. Clyburn (Demócrata-Carolina del Sur), uno de los principales aliados de Biden en la Cámara de Representantes, sobre "desfinanciar a la policía" (...).

(...) Tras unas elecciones en las que el país apostó por un 'reseteo' presidencial, pero no por una revolución, los demócratas moderados ostentan el poder en el partido. Y muchos culpan a los temas polarizadores defendidos por la izquierda de la mediocre elección en Representantes y las pérdidas en el Senado. Esta recriminación de los líderes del partido, junto con el escepticismo de algunos aliados de Biden, podría limitar la influencia de los liberales.

Pero estos ofrecen una opinión completamente diferente, argumentando que su base electoral fue la que ganó la Casa Blanca para Biden, y que ahora hay que cumplir con las promesas de aprobar una legislación sobre el cambio climático y luchar contra la desigualdad económica. La dinámica cambiante del Partido Demócrata ha llevado al movimiento a una encrucijada en vísperas de la presidencia de Biden.

"No sé cómo el día después de las elecciones la gente puede empezar a señalar con el dedo a los progresistas por arruinar las cosas de alguna manera cuando, de hecho, nunca hubiéramos ganado las elecciones presidenciales si no hubiésemos movilizado a la gente", dijo la representante Pramila Jayapal (Demócrata-Washington), copresidente del Caucus Progresista del Congreso. (...)".

Este debate que esta ocurriendo dentro del Partido Demócrata lo profundizó Matthew Yglesias, también en el Post:

"Los progresistas ya están registrando sus decepciones con el presidente electo Joe Biden. Cuando él anunció que el representante Cedric Richmond (Luisiana), uno de los copresidentes de su campaña, se desempeñará como director de la Oficina de Participación Pública de la Casa Blanca, el grupo climático Sunrise Movement tuiteó que Richmond “ha tomado mucho dinero de la industria del combustible fósil, se acomodó con el petróleo y el gas y se mantuvo en silencio mientras los contaminadores envenenaban su propia comunidad". 

El portavoz de Justicia Demócrata, Waleed Shahid, denunció al consejero presidencial entrante Steve Ricchetti como un "ex cabildero (movilizador de influencias) farmacéutico" que "ha representado a grupos que se oponen enérgicamente al Medicare para Todos (el plan de salud para los humildes que diseñó Barack Obama) y la fabricación pública de medicamentos recetados (los genéricos)". 

Luego, Antony Blinken, el secretario de Estado designado, aunque bien considerado por los profesionales de seguridad nacional en todos los ámbitos, es en gran medida un 'halcón' de la política exterior en el 'molde Joe Biden'.

La frustración de la izquierda es comprensible (aunque algunas personas designadas, como el jefe de Gabinete entrante Ron Klain, y la nominada al Tesoro, Janet Yellen, son mejor recibidas en esos sectores), pero realmente no hay mucho motivo para la decepción. Tal como dice el mantra de la Era Ronald Reagan, "El personal es la política", y Biden prometió una Administración moderada, con guiños a las prioridades de la Era Obama e incluso al bipartidismo.

En la carrera primaria demócrata, Biden argumentó que esta sería la forma de vencer al presidente Donald Trump, y funcionó. 

Los presidentes en ejercicio no suelen perder (su intento de reelección), y que Trump fuese derrotado, aún cuando la mayoría de los votantes le dijeron a la encuestadora Gallup que estaban mejor que hace 4 años, es extraordinario. 

A pesar de las payasadas postelectorales de Trump, la carrera electoral ni siquiera estuvo equilibrada. Biden obtuvo una mayor proporción del voto popular que cualquier rival desde que Franklin D. Roosevelt enfrentó a Herbert Hoover, y su moderación fue casi con certeza la clave para ese éxito.

Biden corrió por delante de los demócratas en la Cámara de Representantes y de la mayoría de los candidatos al Senado del partido en estados clave como Maine, Carolina del Norte y Georgia. Una excepción notable fue el ex gobernador de Colorado, John Hickenlooper, quien ganó su carrera por el Senado, posicionado ideológicamente a la derecha de Biden. 

Los votantes querían que Trump se fuera, y les gustan algunas de las ideas de los demócratas, pero hay pocas señales de hambre en el electorado por un cambio progresista radical. (...)

Incluso un Presidente demócrata moderado respaldado por grandes mayorías en el Congreso probablemente lograría importantes cambios de política, tal como lo hizo Barack Obama en 2009-2010. Sin embargo, eso no va a suceder en el Washington DC de Biden (al menos no inicialmente), y no por quiénes integren su equipo. Las matemáticas del Congreso simplemente no lo respaldan.

El estancamiento del Congreso alimentará el gusto de la izquierda por una acción ejecutiva agresiva. Pero, ¿cuánto sentido tiene considerar nombramientos de figuras como Richmond; Ricchetti, quien fue jefe de gabinete del vicepresidente Biden; y Blinken, el exasesor de seguridad nacional de Biden, como grandes traiciones? 

(...) La realidad del gobierno hizo inevitable que Ronald Reagan dependiera hasta cierto punto de las 'viejas manos' de Washington, pero la derecha buscaba limitar su influencia y temía la traición desde adentro. De manera similar, muchos demócratas respaldaron a Obama en las primarias de 2008 porque querían evitar una restauración de la administración de Bill Clinton.

En ese sentido, gran parte de los dolores de estómago actuales resultan de personajes que leen un guión que fue escrito para una hipotética administración de Elizabeth Warren o Julián Castro, una narrativa que no se ajusta a las circunstancias reales. Biden prometió vencer a Trump y volver a poner a personas competentes a cargo, y eso es lo que está haciendo. Cualquier otra cosa que obtengan los progresistas es salsa. (...)".