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Peor para Bolsonaro que la derrota de Trump es el futuro de Flávio

Flávio Bolsonaro, hijo del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, está formalmente acusado de corrupción y las pruebas acumuladas lo comprometen mucho. Los fiscales brasileños acusan al retoño más polémico del verborrágico mandatario, atrapando al líder de derecha en un escándalo luego de un breve tiempo de calma política. Todo esto ocurre cuando Donald Trump está siendo derrotado en USA y acaba el paraguas que tenía Bolsonaro en ciertos sectores de poder. ¿Qué es la "rachadinha"?

Flávio Bolsonaro, un bochorno cuyas peripecias pueden sabotear el ánimo de su padre Jair.

Fiscales de Río de Janeiro (el estado donde se inició en política Jair Bolsonaro y su familia practicante del culto al nepotismo) acusaron al senador federal Flávio Bolsonaro de malversación, lavado de dinero y asociación delictiva.

Es la culminación de una investigación que comenzó hace casi 2 años y donde hay una cantidad de testimonios y documentos que complican muchísimo a uno de los hijos de Jair Bolsonaro, quizás el retoño más vulnerable a la vez que soberbio -habitualmente, ambos extremos van juntos-.

Los fiscales alegaron que Flávio Bolsonaro dirigió un esquema de "rachadinha" junto con varios asociados cuando era legislador del estado de Río antes de convertirse en senador.

¿Qué es la "rachadinha"?

Es un esquema bastante habitual en la política brasileña, argentina y de otros países latinoamericanos: políticos que usan fondos estatales para contratar a una gran cantidad de empleados, quienes luego entregan una parte de esos ingresos a su jefe, que así obtiene una 'caja negra' multipropósito: a veces para 'hacer política' y en otros casos sólo para enriquecerse.

Los investigadores creen que cientos de miles de dólares se canalizaron de sus empleados a Flávio Bolsonaro y luego se lavaron a través de una variedad de frentes, incluida una chocolatería, con la ayuda de un asociado, Fabrício Queiroz, su ex chofer y quien también fue acusado.

Flávio Bolsonaro negó las acusaciones. “Se esperaba, pero no se sostendrá porque faltan pruebas. No es más que un cuento mal orquestado y malvado”, dijo en un comunicado.

Un tribunal del Estado de Río debe decidir si acepta los cargos antes de que el caso pueda continuar. Sin embargo, el hecho es embarazoso para su padre, quien hace solo unas semanas afirmó que había puesto fin a la corrupción en Brasil, una de los tantos exabruptos de Bolsonaro que luego subestimo porque afirma que él sigue gozando de gran popularidad en Brasil.

Pero... alguna vez Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff también fueron muy populares en Brasil. La popularidad es una moneda de fácil devaluación en la política.

“El caso Flavio demuestra que la corrupción no ha terminado en Brasil”, dijo Carlos Melo, profesor de Ciencias Políticas en la escuela de negocios Insper. “La retórica de [Jair] Bolsonaro es como la de cualquier político. La idea de que acabaría con la corrupción es una falacia electoral. En realidad, no es compatible".

Bolsonaro, un ex capitán del ejército, y diputado federal durante años, fue elegido Presidente en 2018 al aprovechar la ira popular por la corrupción política desenfrenada de los gobiernos del Partido Trabalhista que quedó al descubierto en la histórica investigación de corrupción Lava Jato.

Desde entonces, sin embargo, Bolsonaro se ha alejado de los esfuerzos anticorrupción y, en cambio, optó por cerrar acuerdos con el 'establishment' en el Congreso.

Estos acuerdos con el llamado 'Centrão', evitaron cualquier riesgo de que Bolsonaro pudiera ser acusado y llevaron al primer período de estabilidad política de su mandato.

“Ahora todo el mundo en Brasilia tiene interés en barrer silenciosamente el tema [de la corrupción] bajo la alfombra. Y eso es exactamente lo que están haciendo”, dijo Eduardo Mello, profesor de política de la Fundación Getúlio Vargas.

El profesor Mello destacó que la corrupción había desaparecido del radar político en los últimos meses. Aunque Brasil se ha visto gravemente afectado por la crisis del coronavirus, el Presidente disfruta de altos índices de aprobación después de distribuir bastante dinero en efectivo a millones de los ciudadanos más pobres, invocando el Covid-19.

“Bolsonaro ya no necesita fingir que se preocupa por la corrupción porque ya no es un problema importante. Está en una buena posición para garantizarse un lugar en la 2da. vuelta de las elecciones en dos años. Sólo necesita parecer menos corrupto que su rival”, dijo el profesor Mello.