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Furor por la vitamina D: lo que hay que saber

La evidencia a favor de la vitamina del sol se acumula a medida que avanza la pandemia. Además de la relación con la COVID-19, el déficit está asociado a afecciones cardíacas, diabetes, trastornos del sistema inmunológico, algunos cánceres y problemas óseos.

Una reciente investigación reveló que el 80% de los pacientes con COVID-19 igresados a un hospital español tenía deficiencia de vitamina D. Los resultados los obtuvieron tras comparar 216 pacientes con la infección con 197 sanos.

Las últimas semanas la vitamina D ha sido una de las protagonistas en la búsqueda de tratamientos accesibles y efectivos contra el coronavirus. No obstante, desde el inicio de la pandemia científicos y médicos buscan la asociación entre los niveles del elemento en el organismo y la enfermedad pandémica. 


En este contexto, el debate se avivó al conocerse que a Donald Trump también se le administró la vitamina dentro de la batería de tratamientos y medicaciones que recibió en su corta internación por COVID-19.

Tambiénesta semana se conocieron los resultados de una investigación publicada en el Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism de la Endocrine Society que concluyó que el 80% de los ingresos hospitalarios por el virus tenían deficiencia de la vitamina del sol. 

El porcentaje se obtuvo luego de comparar 216 pacientes enfermos en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla con 197 personas sanas, con características similares en términos demográficos (edad, sexo, entre otras).

Ahora bien, aunque ya se ha establecido una asociación entre la falta de este elemento y la COVID, aún no está claro si genera el agravamiento o directamente la enfermedad, según explicó el ministro de salud de Ciudad de Buenos Aires, Fernán Quirós. 

Orígenes naturales de la vitamina D

En primer lugar la vitamina se produce cuando la piel se contacta con la luz solar, y de allí las recomendaciones a exponerse al menos 15 minutos al día. 

Pero también puede obtenerse de algunos pocos alimentos:

> Pescados grasos: atún, salmón y caballa
> Fortificados: leche, cereales, jugos de frutas, bebidas de soja, etcétera.
> Queso, yogures y yema de huevo
> Champiñones

Por último también existen suplementos que pueden encontrarse en formato ergocalciferol o colecalciferol.