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Plebiscito en Chile: El voto joven es la clave y el peligro es la frustración colectiva

¿Cuánta gente irá a votar en Chile el domingo 25/10? Es un plebiscito clave. Pregunta: ¿cuánta gente logró convocar el inicio de un proceso constituyente, que nació cómo única vía de canalizar las demandas del estallido? Dato clave: los jóvenes de entre 18 y 35 años son, por primera vez, el grupo más masivo de todo el electorado. 

Plebiscito Nacional 2020 en Chile.

** Fernando García, profesor de Comunicación Política en la UAH (Universidad Alberto Urtado, le anticipó al semanario The Clinic, de Santiago de Chile:

“La participación no será como en los 90', porque parte importante de la 3ra. Edad se restará por el Covid-19. Los grupos etarios más altos serán ‘reemplazados’ por los más jóvenes, quienes asistirán más al ser convocados por la novedad y épica del 1er. plebiscito de sus vidas. Además, por ser un tema tan determinante que los marcará para el resto de sus vidas de participación política”.

Según él, la participación sería entre 55% y 58%. Aprobación entre 65 y 68% y Rechazo: entre 27 y 30%.

** Matías Bargsted, investigador del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Socialcoes (COES):

“Aunque las encuestas anticipen porcentajes extremadamente favorables para el Apruebo, es probable que las personas más entusiastas de esa opción estén más interesadas en política y, por ende, sean más receptivas a responder encuestas. El clima favorable para el Apruebo también favorece que personas que disienten de la opinión dominante escondan su oposición en alternativas como ‘No sabe’ o ‘No responde’." 

Según él, será una participación de entre 55 y 60%. El Apruebo, entre 60% y 65%. El Rechazo: Sin respuesta.

** Ramón Cavieres, director ejecutivo de Activa Reserch:

“Desde noviembre, hemos realizado 22 mediciones. Nuestro pronóstico es a 15 días del plebiscito, por lo que se podría ver afectado por la contingencia cercana”

Según él, participación de entre 53% y 56%. El Apruebo, 85%. El Rechazo, 15%.

Opiniones

La revista The Clinic hizo 2 consultas muy interesantes, que aquí se reproducen parcialmente, sólo para explicar la idea de conocedores del conflicto social.

** Juan Pablo Luna es doctor en Ciencia Política por la Universidad de Carolina del Norte y profesor de la escuela de gobierno de la Universidad Católica. Su mirada es poco optimista si se aprueba la redacción de una nueva Constitución. ¿Por qué? Porque a su juicio, la élite no está abriéndose a resolver el problema de fondo: la posibilidad de discutir y acordar un nuevo proyecto de sociedad.  

-A pocos días del plebiscito, ¿qué escenarios visualizas para el día después?

-Todavía veo una situación difícil. Por un lado, está el tema de la pandemia. Y por otro, una élite que ha capturado y ha transformado la discusión en un asunto electoral, por cargos y alianzas electorales. 

-¿Qué es lo peligroso? 

-Que no hay relato ni proyecto. El sistema institucional, los partidos, aún no logran entender el verdadero conflicto con la sociedad. No atacan el problema de fondo que es su legitimidad. En ese sentido, es bien difícil imaginar un escenario post 25 de octubre en el cual el sistema institucional sea capaz de canalizar la energía y el descontento que generó el estallido. 

-¿Pero abrir el camino constitucional no es una forma de canalizar las demandas?

-Sí. El proyecto constitucional es súper importante, pero no es la solución al problema que tiene Chile. El problema del país es cómo refunda su modelo de desarrollo. 

** Pablo Ortúzar es antropólogo social y magíster de Análisis Sistémico aplicado a la Sociedad por la Universidad de Chile, residente en Londres, Reino Unido.    

-Muchos están poniendo “esperanza” en este camino constituyente. Otros consideran que no servirá de mucho porque no resuelve los problemas de fondo. ¿Cómo lo ves tú?

-Las élites depositan demasiadas esperanzas en el valor simbólico de la Constitución. Como creen que la sociedad nace de un contrato, piensan también que se pueden arreglar los problemas sociales arreglando el contrato. Todo esto es bastante ridículo. Si el proceso constituyente no es una herramienta más al servicio de un acuerdo más general relativo a reformas sociales estratégicas para los próximos 20 años, creo que servirá de bien poco. Yo lo veo, principalmente, como una forma de ganar una línea de crédito de tiempo para el sistema político. Pero ese tiempo sólo es útil si es bien utilizado. De lo contrario, el resultado será peor: una nueva decepción.

-¿Te preocupa que se instale una sobre-expectativa? 

-Si no hay un acuerdo político mínimo, pero amplio respecto al horizonte al que debemos avanzar, el proceso constituyente bien puede terminar siendo absurdo. Y ese acuerdo, creo, está mucho más a mano de lo que parece: hay consenso en que para enfrentar el nuevo escenario será necesario expandir la capacidad del Estado. 

-La polarización ha ido en aumento. ¿El proceso constituyente podrá ser un lugar de encuentro? 

-El acuerdo debe ser previo al debate constitucional. El proceso constituyente, de abrirse, debe ser para aclarar detalles relativos a la forma del Estado y al ritmo de las reformas. Si se convierte en una subasta de “derechos sociales” y en una trifulca posera tipo pelea de twitter, será un ejercicio inútil y contraproducente.

-El plebiscito fue la salida institucional que acordó el mundo político. ¿Dirías que esa clase política ha estado a la altura? ¿Se ha legitimado como actor?

-Creo que no. No se cuidó ni se quiso cuidar el ambiente generado por el acuerdo, que permitía la construcción de más puentes y consensos básicos orientados a comenzar a salir de la crisis. En vez de eso hay una polarización retórica en las élites que bloquea la posibilidad de discusiones racionales. Y los que terminan capitalizando son personajes como Pamela Jiles, antipolíticos que conducen un show para humillar las instituciones de la República. Con buen rating.

-¿Y el gobierno?

-El gobierno es uno de los principales responsables del descalabro de octubre. El desatino político de sus acciones es épico, y el resentimiento popular por ello es enorme. El Presidente, de hecho, ha sido reducido a un meme. Perdió por completo la capacidad de controlar el significado de los mensajes que intenta transmitir y, con ello, cualquier control de la agenda.