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Tras el millón de contagios, se teme el aumento del Síndrome de Kwashiorkor

Además de las secuelas para la salud de la propia COVID-19, se empiezan a registrar los múltiples efectos colaterales causados por la crisis económica en Argentina y otros países con previos niveles altos de pobreza. 

También se lo denomina desnutrición proteica y es más frecuente en niños de sectores vulnerables. Se debe a que las comidas más accesibles son las almidonadas y se genera déficit de proteínas. Los síntomas son el retraso del crecimiento, inflamación del vientre e infecciones frecuentes.

De acuerdo a los datos brindados por el Ministerio de Salud de la Nación, ayer Argentina superó el millón de contagios de coronavirus y los fallecidos son 26.716.

Pero otros de los efectos colaterales marcan una cifra del 10,6% de desocupación en el segundo trimestre del 2020 y 40,9% de pobreza, el valor más alto desde 2004.

Para estas 18,5 millones de personas sin acceso a la alimentación, el problema no sólo se calcula en términos cuantitativos sino también cualitativos. Es decir, no solo es cuánta comida obtienen sino de qué tipo de nutrientes y grupos de alimentos.

Una de las consecuencias de esta dualidad es que, en los sectores más vulnerables los niños al ser destetados comienzan una dieta basada en almidones como la papa y la harina, y sus organismos no recibe la suficiente carga proteica. 

En efecto, aumenta la prevalencia del Síndrome de Kwashiorkor ubicado dentro del grupo de las enfermedades por desnutrición calórico-proteica (DCP), que consisten en el déficit energético causado por la falta de macronutrientes.

Este problema suele afectar a personas institucionalizadas en residencias para adultos mayores o en personas con trastornos del apetito en países industrializados, como Estados Unidos. Sin embargo, en países en desarrollo la DCP afecta principalmente a niños en situación de pobreza. 


Síndrome de Kwashiorkor

La desnutrición en niños puede tomar dos formas, conocidas como marasmo o Kwashiorkor. La segunda es la que preocupa más en sectores vulnerables debido a que sucede luego del abandono temprano de la lactancia materna, generalmente cuando nace un hermano menor que desplaza al otro del pecho.

De allí surgió el nombre, cuando en la década de 1930 Cicely Williams describió la condición de las infancias en Ghana y la denominó "la enfermedad del niño desplazado" (o Kwashiorkor en la lengua local). 

Comúnmente se asocia al síndrome a regiones de África rural, el Caribe y las islas del Pacífico, pero también aparece en otros puntos en los que los alimentos autóctonos y más accesibles tienen muchos hidratos y no proteínas (como por ejemplo batata, mandioca, papa y plátanos verdes).

Los síntomas principales son edema generalizado que esconde la pérdida de peso, apatía, decaimiento, anorexia, atrofia de la mucosa del intestino delgado e inmunodeficiencia.

La gravedad de la enfermedad también se acrecienta porque estos niños son más propensos a desarrollar infecciones como gastroenteritis o neumonía. 

El tratamiento consiste en el incremento proteico y calórico administrado por médicos.