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Claves para el abordaje de la Generación Z

Al menos en USA, donde siempre hay estadísticas disponibles acerca de casi todo, se ha identificado un aumento preocupante de la ansiedad, la depresión y el suicidio en la Generación Z (personas nacidas después de 1997). Por lo tanto se está trabajando en centros de capacitación porque resultó que los abordajes eran negativos o inadecuados.

Gestión de las emociones: no hay una respuesta única. Lo importante es ser honesto con uno mismo sobre el por qué. Conocer la verdad de los sentimientos ayuda a tratar la causa.

Los problemas de conducta y trastornos de ansiedad se evalúan en períodos históricos para quitarles la presión de la coyuntura. En ese contexto se afirma que los trastornos de ansiedad en los adolescentes aumentaron 20%, entre 2007 y 2012. 

En el presente (2020 y con pandemia y sus consecuencias), 1 de cada 3 adolescentes experimentará un trastorno de ansiedad, según los Institutos Nacionales de Salud (en inglés CDC, la autoridad gubernamental sanitaria estadounidense). 

Y 1 de cada 5 niñas informa haber experimentado síntomas. 

La tasa de suicidio entre los jóvenes de 15 a 19 años aumentó en 76% entre 2007 y 2017 y casi se triplicó entre los adolescentes de 10 a 14 años. 

Hoy, el suicidio es la 2da. causa principal de muerte entre los adolescentes, después de los accidentes, según los Centros para el Control de Enfermedades y Prevención.

¿Qué estará sucediendo en América Latina donde no habrá estadísticas suficientes pero sí problemas abundantes?

La tristeza

Un dato a tener en cuenta por cualquier adulto en toda circunstancia: la tristeza es la emoción que más dura. En concreto, la tristeza dura hasta 4 veces más que la alegría, según los investigadores. Por lo tanto, hay que anticipar mecanismos acerca de qué se hará con la tristeza.

El control de las emociones es un capítulo de la gestión emocional, que es una habilidad propia de la inteligencia emocional. Para regularlas es necesario comprenderlas, entenderlas y hacerlas conscientes. 

¿Cómo lograrlo en la Generación Z, cuando los adultos tampoco parecen obtener éxitos al respecto? 

En definitiva, quienes estudian el problema afirman que no se puede ayudar si no se comprende de qué trata y no se experimenta en uno mismo las soluciones que se propondrán.

Kit básico en elaboración

1. Hay que definir qué es lo que no funciona en estos casos. Esto quiere decir lo que no hay que hacer. Un ejemplo: no proponer ni proponerse no pensar en aquello que preocupa. Se ha demostrado que tiene una consecuencia inversa en el caso de las personas deprimidas. Tampoco es apropiado proponer como respuesta fisiológica: relajación, respirar hondo, intentar modular el diafragma, etc. Sucede que el componente fisiológico de las emociones es poco importante. Y no es adecuado incitar a liberar la tensión por otras vías. 

2. Lo apropiado es intentar comprender la emoción. ¿Por dónde comenzar? Se está aconsejando comenzar por la autoestima: Reafirmar las virtudes propias y los puntos fuertes de uno mismo. El inventario propio positivo es importante. Luego, tomarse un tiempo para reflexionar sobre lo que se siente y por qué se reacciona de cierta manera en algunas situaciones. Quizás, para entonces, el problema no era tan grave, pero se ha ido de las manos por no pensar en el verdadero problema. Una estrategia posible, entre otras, y que bien calza en la Generación Z, es llevar un diario emocional. 

3. La escucha activa es fundamental porque permite prestar atención no solo a lo que dicen otros interlocutores con sus palabras, sino también con lo que expresan con su lenguaje corporal. De hecho, los estudios científicos afirman que el lenguaje verbal representa solamente un 30% de lo que comunicamos. El resto es lenguaje no verbal.

4. El ejercicio físico sí es adecuado como una estrategia en el tiempo para aliviar el estrés y liberar tensiones que pueden provocar situaciones frustrantes y tensas. Se rescata del ejercicio físico que puede ayudar a liberar neuroquímicos relacionados en el estado de ánimo positivo, como son las endorfinas o la serotonina. Por eso, su práctica tiene un efecto positivo en la autoestima.

5. Aprender a no tomar mal las críticas. Estar demasiado pendiente de lo que los demás dicen de una persona es un síntoma de que escasea la autoconfianza, y ahí ya aparece un diagnóstico sobre el que hay que trabajar. Un equilibrio emocional incluye no desequilibrarse ante las críticas.

6. Una cosa lleva a la otra: la autoaceptación, porque quien lo consigue, absorbe de un modo diferente las críticas. Autoaceptarse permite salir de la mentalidad defensiva. Todos podemos equivocarnos porque es parte de la vida. Conflictos tienen todos. Lo que falta es la paciencia suficiente para elaborar una respuesta correcta.

7. Hay que lograr en algún lugar encontrar un punto de apoyo positivo. Por alguna rendija debe ingresar una actitud optimista. Para solucionar los problemas hay que hacerles frente. El punto de vista positiva baja el nivel de tensión.

8. Lograr retirarse en el momento adecuado. Uno conoce cuándo es un mal día o una mala hora o un mal momento. La inteligencia es dar las batallas que se pueden ganar y para ello hay que comenzar por elegir el momento y lugar más conveniente para los recursos que uno tiene.

9. Aprender a nunca reaccionar de golpe. Está directamente vinculado con lo anterior. Si es necesario, salir de la habitación, tomar un poco de aire y regresar con la mente renovada.