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La inmunidad de rebaño es “una falacia peligrosa”, concuerdan científicos

Una declaración conjunta de investigadores arroja claridad sobre la perspectiva que aboga por el contagio masivo para "controlar" la pandemia. Además se posicionan respecto a aislamientos prolongados y a las formas más comunes de contagio. 

“El aislamiento prolongado de grandes sectores de la población es prácticamente imposible y muy poco ético. La evidencia empírica de muchos países muestra que no es factible restringir los brotes no controlados a sectores particulares de la sociedad”.

En un documento publicado hoy en la revista científica The Lancet, más de 30 científicos firman una declaración respecto a temas conflictivos de la pandemia de COVID-19 como: cuarentenas extendidas, inmunidad de rebaño, formas de contagio, poblaciones de riesgo y otros aspectos que aún restan investigar.

En el preámbulo advierten que “compartimos nuestra opinión sobre el consenso actual basado en evidencia sobre COVID-19” en un contexto en el que hay más de 35 millones de personas contagiadas en el mundo y “a medida que una segunda ola de COVID-19 afecta a Europa, y el invierno se acerca”.

Asimismo avisan que el trabajo “no fue apoyado, financiado o patrocinado, directa o indirectamente, por ninguna organización o entidad”.


Contagio

En primer lugar definen que “el SARS-CoV-2 se propaga a través del contacto (a través de gotas y aerosoles más grandes) y la transmisión de mayor alcance a través de aerosoles, especialmente en condiciones donde la ventilación es deficiente.”

Su capacidad de infección, combinada con la susceptibilidad de las poblaciones nunca expuestas al nuevo virus, “crea las condiciones para una rápida propagación comunitaria. La tasa de mortalidad por infección de COVID-19 es varias veces más alta que la de la influenza estacional, y la infección puede provocar una enfermedad persistente, incluso en personas jóvenes previamente sanas”.

 

Inmunidad

No está claro cuánto tiempo dura la inmunidad protectora, pero se sabe que el coronavirus es capaz de volver a infectar a personas que ya han tenido la enfermedad, aunque se desconoce con qué la frecuencia.

Lo que sí está ampliamente comprobado es que “puede mitigarse mediante el distanciamiento físico, uso de cobertores faciales, higiene de manos y respiratoria, y evitando aglomeraciones y espacios mal ventilados”.

Otras medidas eficaces, afirman los científicos, son: las pruebas rápidas, el rastreo de contactos y el aislamiento.


Confinamiento e inmunidad colectiva

Las restricciones de movilidad en la fase inicial de la pandemia fueron esenciales para reducir la mortalidad y evitar que los servicios de atención médica se vean abrumados, según consideran los investigadores.

Pero el aislamiento prolongado “es prácticamente imposible y muy poco ético”. En la declaración afirman que este enfoque no es factible y se corre el riesgo de exacerbar aún más las desigualdades socioeconómicas.

Además de las secuelas en la salud física y mental y en la economía, algunos países tampoco pudieron preparar sus sistemas sanitarios durante el bloqueo y debieron exponer a sus habitantes a continuas restricciones.

Este panorama, sumado a la falta de confianza y la llegada de una segunda ola “han llevado a un renovado interés en el llamado enfoque de inmunidad colectiva, que sugiere permitir un gran brote incontrolado en la población de bajo riesgo mientras se protege a los vulnerables”.

Pero esta “es una falacia peligrosa que no está respaldada por evidencia científica. Cualquier estrategia de manejo de una pandemia que se base en la inmunidad contra las infecciones naturales para COVID-19 es defectuosa”.

Los firmantes concuerdan en que esta perspectiva aumenta la morbilidad y la mortalidad, afecta fuerza laboral en su conjunto y abruma a los sistemas de atención médica.

Sumado a esto, “no hay evidencia de una inmunidad protectora duradera al SARS-CoV-2 después de una infección natural, y la transmisión endémica que sería la consecuencia de una inmunidad menguante presentaría un riesgo para las poblaciones vulnerables por un futuro indefinido". 

Agregan que "una estrategia de este tipo no acabaría con la pandemia de COVID-19, sino que provocaría epidemias recurrentes, como era el caso de numerosas enfermedades infecciosas antes del advenimiento de la vacunación”.

Por último, los científicos sugieren a Japón, Vietnam y Nueva Zelanda como los países que han demostrado que las respuestas sólidas de salud pública pueden controlar la transmisión con ritmos de vida “casi normales”.