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Resulta que Bourne no tenía amnesia

Jason Bourne es un personaje de ficción creado por el escritor estadounidense Robert Ludlum para sus novelas de espionaje. Bourne es un miembro de élite de los cuerpos especiales de la CIA. Sufre episodios de "amnesia traumática" a raíz de un incidente en una operación secreta en Europa y, mientras lucha por descubrir su identidad, se ve involucrado en una red de espionaje y manipulación de gobiernos por parte de USA. Pero el verdadero Bourne tuvo una enfermedad diferente.

Matt Damon es Jason Bourne.

Existen teorías que dicen que el personaje Jason Bourne está basada en unos archivos clasificados de la CIA (Central Intelligence Agency), acerca de un grupo de espías secretos esparcidos por Europa, que atentaban cada cierto tiempo en varias capitales europeas. Luego se dijo que no eran varios individuos, sino uno solo, que actuaba de forma aleatoria y carente de sentido. El mito lo que motivó a Robert Ludlum a escribir 'El caso Bourne' en 1980. Él fue productor ejecutivo de la primera película sobre Bourne, que se estrenó en 2002. Pero él falleció en 2001.

Ahora bien, hubo un Bourne verdadero, que no fue agente de la CIA, y su caso ayuda a explicar, probablemente, el del Bourne de Ludlum.

El Ph.D. Matt Johnson, abordó el caso de Ansel Bourne, en el blog Popneuro, que trata de neuromarketing de masas, y lo reprodujo Psychology Today.

El caso comienza con un tal AJ Brown.

Según todos los informes, AJ Brown era un hombre corriente. Vivió en Norristown, Pensilvania, a finales del siglo XIX, y se ganaba la vida haciendo papelería. Tenía una vivienda modesta y una buena relación con sus vecinos. 

El 14/03/1887, AJ Brown se despertó y no tenía idea de quién era. 

La primera persona que se puso en contacto con él fue su casero, quien fue recibido por Brown con una pregunta: "¿Quién soy yo?" 

De inmediato, trajeron médicos locales para examinarlo. El diagnóstico inicial fue amnesia: Brown de alguna manera había perdido la memoria y no podía recordar quién era ni cómo llegó allí.

Sin embargo, hoy se sabe que Brown no había perdido la memoria. 

La verdad es que Brown no era Brown, era Bourne.

Lo que los médicos descubrieron fue que la persona a la que llamaban AJ Brown, en verdad se llamaba Ansel Bourne. 

AJ Brown había estado viviendo en Norristown durante 2 meses. Pero antes de eso, Ansel Bourne, quien ya tenía 61 años, había vivido toda su vida en Coventry, Rhode Island, su profesión era la de carpintero y hasta se había desempeñado como pastor religioso.

Pero Bourne no recordaba los 2 meses en que él fue AJ Brown. Según los informes, nunca antes había escuchado ese nombre. Resultó que AJ Brown era un extraño para Ansel Bourne. 

La psicología de la identidad 

Más de 150 años después, Johnson explica que Ansel Bourne se convirtió en la inspiración para los libros y películas de Jason Bourne. 

Pero, a diferencia de Jason, quien simplemente perdió la memoria, Ansel perdió por completo su identidad original y luego adoptó una nueva. 

Ansel Bourne fue uno de los primeros casos de “fuga disociativa”, una condición extremadamente rara que solo se ha documentado en un puñado de casos desde entonces. 

La fuga disociativa es una versión a corto plazo del "trastorno de personalidad disociativo", donde el "Yo" se divide en varios individuos distintos sin reconocimiento ni comprensión unos de otros. 

Estos casos se han popularizado en los medios de comunicación con películas como "Sybil" (1976), "Me, Myself e Irene" (2000) e "Identity" (2003). 

No está claro por qué alguien es propenso a la disociación.

Tampoco se conoce qué desencadena un estado de fuga disociativa. 

Sin embargo, dice Johnson, si indagáramos más profundamente, podríamos ver un indicio de Ansel Bourne en todos nosotros.

La psicología de la identidad maleable

Hay una disociación cotidiana percibible en cómo nos sentimos en diferentes entornos. De un contexto a otro, a menudo nos sentimos como personas muy diferentes, cada una con su propia personalidad, preferencias y comportamiento ligeramente diferentes. 

Por ejemplo, afirma Johnson, podemos actuar de manera muy diferente cuando estamos con miembros de nuestra familia que con amigos e incluso con nuestros colegas. Nos sentimos muy diferentes cuando estamos fuera de la escuela que cuando volvemos a casa con la familia. Nuestro sentido de identidad en el momento depende de dónde estemos y con quién estemos. 

Esto se ve agravado por el hecho de que los sistemas de aprendizaje del cerebro dependen en gran medida del contexto. Es decir, si aprende algo en un contexto, es mucho más probable que lo recuerde en ese mismo contexto. 

Entonces, cuando volvemos a entrar en un contexto familiar, como volver al hogar de nuestra infancia en alguna festividad familiar, todos los recuerdos asociados con ese lugar regresan de repente. 

"Nos despertamos cada mañana como una entidad ligeramente diferente y, sin embargo, la memoria nos mantiene unidos. Es el pegamento que nos mantiene como una persona única y consistente. Tal como describe James McGaugh, experto en memoria y profesor de neurobiología en UC Irvine, “La memoria es nuestra habilidad más importante. Sin memoria, no habría seres humanos”, es una reflexión de Johnson. 

El entrelazamiento de memoria, contexto e “identidad” complica la idea de un Yo coherente. 

El panorama se enturbia aún más cuando adoptamos una perspectiva neurocientífica. Si el Yo existe en alguna parte, debería encontrarse en nuestras cabezas, pero hay poca evidencia de un "Yo" unificado en el cerebro. La neurociencia sugiere que, en lugar de estar ubicado dentro del cerebro, el Yo es una representación creada por el cerebro. 

El psiquiatra y escritor Ralph Lewis, afirma: “El Yo no es una 'cosa' unificada. Más bien, el cerebro es en realidad una confederación de módulos independientes que trabajan juntos. Los determinantes neuronales inconscientes, enormemente complejos, que dan lugar a nuestras elecciones y acciones, son desconocidos para nosotros. El cerebro construye convenientemente una narrativa simplificada de un 'yo' unitario, el agente independiente de todos nuestros pensamientos y comportamientos".

En otras palabras, el "Yo" es una idea; una construcción mental que crea el cerebro para ayudarnos a navegar por el mundo. Y es maleable. Por razones que no se comprenden del todo, más maleable en casos de fuga disociativa.

Psicología de la identidad

Aunque Ansel Bourne fue uno de los primeros casos documentados de fuga disociativa, está lejos de ser el único. 

** Jeff Ingram, de Olympia, Washington, “volvió” estando en Denver, Colorado sin tener idea de quién era o cómo habia llegado allí. 

** Hannah Upp tenía varios casos documentados de fuga disociativa y estuvo desaparecida en Islas Vírgenes desde 2018. 

** Jody Roberts, del estado de Washington, desapareció en 1985 y fue encontrada más de una década después viviendo una vida pacífica en Alaska bajo el nombre de Jane Dee Williams"

"Desde una perspectiva, podemos mirar casos tales como el de Bourne y otros con total asombro. Has perdido tus llaves antes. Has perdido recuerdos. ¿Pero perderse a sí mismo? Es, literalmente, la única constante en nuestras vidas", afirma Johnson. 

Pero cuando miramos más allá, podemos ver que tales casos, aunque anómalos, no son categóricamente diferentes de nuestras propias experiencias. El Yo puede sentirse tan real como es posible. Pero en última instancia, es una construcción del cerebro, una representación, reconstruida en el tiempo y el lugar, que es mucho más frágil de lo que creemos.