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Si la curiosidad y el hambre comparten regiones cerebrales... el equilibrio es la clave

En 2020, un equipo de neurocientíficos de la Universidad de Reading (Reino Unido) demostró que la curiosidad y el hambre comparten regiones cerebrales. El dato no es menor y debería ayudar a una mejor comprensión de ciertas conductas que son negativas en cuanto al sobrepeso.

Ya existían ciertas sospechas. Hambre y curiosidad son dimensiones grandes impulsores de la motivación. El hambre es capaz de llevarnos a situaciones extremas para conseguir alimento. La curiosidad también ha llevado al ser humano a cruzar fronteras inimaginables. El equilibrio es decisivo para no cometer excesos.

El equipo de científicos de la Universidad de Reading detectó, a partir de la utilización de resonancias magnéticas, que cuando se “enciende” la curiosidad y cuando lo hace ese estómago vacío que nos alerta de que tenemos hambre, se activa una misma región cerebral: el núcleo accumbens. Asimismo, también elevan su actividad otras áreas como el núcleo caudado bilateral y el área tegmental ventral.

Al núcleo accumbens se atribuye una función importante en el placer incluyendo la risa y la recompensa, así como el miedo, la agresión, la adicción y el efecto placebo por lo que se encuentra implicado en el circuito de premio-recompensa.

Es decir que estas zonas orquestan las conductas orientadas a poner en práctica acciones que nos permitan recibir algo gratificante.

"Es muy posible que en lo más profundo de esa ingeniería cerebral, hambre y curiosidad partan de mecanismos comunes para obtener un mismo fin: la subsistencia. La curiosidad, al fin y al cabo, impulsa al movimiento, a la acción y, sobre todo, a ir más allá de la zona de confort para saber qué hay al otro lado", explicó la psicóloga Valeria Sabater en la web La Mente es Maravillosa.

El descubrimiento del neurocientífico cognitivo Johnny King Lau y su equipo ha confirmado algo que ya se intuía: la curiosidad y el hambre comparten regiones cerebrales, 

La sensación de hambre es un instinto muy poderoso que se activa cuando el cerebro detecta una serie de cambios en los niveles de hormonas y nutrientes en la sangre.

Sabater observa el lado positivo: "En el caso del hambre, lo que obtenemos a cambio cuando actuamos es alimento (nutrientes), el placer de disfrutar de una buena comida y seguir sobreviviendo. Así, en lo que respecta a la curiosidad, obtenemos conocimiento, descubrimientos y nuevos medios para satisfacer nuestro bienestar de infinitas maneras."

Si la curiosidad y el hambre comparten regiones es porque tienen mucho que ver con la motivación. 

Mientras una nos parece signo de inteligencia y racionalidad (la curiosidad), el segundo nos parece poco más que un instinto primario (el hambre), pero aun así ambas son esenciales y determinantes. 

La pérdida de curiosidad se asocia a la depresión, mientras que la falta de hambre a la enfermedad. 

Pero hay que aprender a regular los excesos. El equilibrio es la vida.

En nombre de la curiosidad se puede incurrir en conductas que sobrepasan el hambre y llevan a respuestas negativas y, más adelante, a la depresión.