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La 2da. ola del covid-19 no pasó por China ¿Cómo lo logró?

Mientras Europa se cubre con la 2da. ola de la pandemia y USA, Brasil e India se ahogan todavía en la 1ra. ola, en China hace 50 días que no se registran infecciones locales, sólo importadas. El país retorna a la vida pre-covid. Precisamente esto es lo que refleja hoy el renminbi, la moneda china, que no se había negociado desde el 30/09 a causa del prolongado feriado del Día Nacional, subió 1,2% el viernes a Rmb 6,7091 por dólar, la mayor subida intradía de la moneda desde febrero de 2016.

Los turistas posan para una selfie grupal frente al Templo del Cielo durante el Día Nacional y el feriado del Festival del Medio Otoño en Beijing, el 4 de octubre de 2020. Dato: no tienen ya ni tapabocas ni mascarillas. [Foto / Xinhua]

Aquí el análisis de Sofía Melnichuk para RIA Nóvosti

"De la catástrofe a la normalidad 

Los estudiantes en sus clases, los empleados en sus oficinas y en los fines de semana centenares de miles de personas se van de excursión. Desde finales de septiembre regresan los extranjeros que tienen permiso real para vivir en China.

Desde enero en el país con 1.500 habitantes se infectaron 80.000 y fallecieron 4.700. En los últimos meses la situación casi es normal.

En junio, el Consejo de Estado de la RPCh publicó el Libro Blanco “La lucha contra el COVID-19: China en acción”. Allí se enumeran los 126 puntos de la estrategia de combate al virus. 

Para la primera etapa, la localización de la epidemia en Wuhan, transcurrió 1 mes; para la 2da., la minimización de los nuevos casos, 2 meses; para la 3ra., la expulsión del virus de la ciudad, 3 meses.

En el gobierno están convencidos que el factor clave de éxito fue la disciplina y la solidaridad de los ciudadanos. 

En este sentido los medios estatales subrayan el papel del presidente Xi Jinping, el “corazón” del Partido Comunista de China, como lo llaman en los últimos años.

“El enfrentamiento de China con la epidemia evidencia claramente el fuerte liderazgo y la dirección científica del Comité Central del Partido Comunista de China y del camarada Xi Jinping”, afirmaron en las editoriales de los diarios partidarios. La victoria ya fue celebrada. A principios de septiembre Xi Jinping entregó personalmente las medallas a los héroes del combate contra el covid-19 en la Casa de las Asambleas Populares, en Beijing. 

Paso a paso hacia el objetivo

La multimillonaria Wuhan fue el epicentro de la pandemia a principios de año. Tras estudiar los resultados de los análisis de distintos laboratorios, a fines de enero dictaron una severa cuarentena. Detuvieron el transporte público y 10 millones de personas se encerraron en sus casas. 

A la ciudad trasladaron médicos de otras regiones y equiparon varios hospitales de campaña. Y para el 26/04 los hospitales de Wuhan dieron de alta a todos los pacientes del covid-19. En el país todavía ocurrían determinados focos que rápidamente eran controlados. 

Algunas provincias se arreglaron con medir la temperatura en lugares públicos y el régimen de barbijos.

Establecieron un severo control sobre los que llegaban del extranjero. 

Muchos hoteles se convirtieron en ambulatorios aislantes.

Esta celeridad y eficiencia en las medidas anti covid-19 se explican antes que nada porque los chinos ya tenían experiencia de anteriores epidemias SARS, subraya Temur Umárov, consultor del Centro Carnegie de Moscú. 

“Ellos sabían qué hacer –dice-. Ciudades, regiones enteras e incluso complejos edilicios, en el caso de un foco de inmediato eran cerrados. Los dirigentes locales que permitían el virus eran destituidos. Por supuesto, el testeo masivo. En Wuhan la población fue testeada en diez días y por distintos métodos, a muchos les hicieron análisis varias veces”.

También ayudaron los sistemas de seguimiento. En las aplicaciones digitales chinas más populares aparecieron los llamados 'códigos de salud', que permitían autoevaluar el riesgo de infección y el posible contagio con un portador de la infección. 

A través de las cámaras de vigilancia pública se detectaban a aquellos que violaban el régimen de barbijos o la cuarentena.

La posibilidad de las autoridades de dictar duras limitaciones y controlar su irrestricto cumplimiento es una condición fundamental en el éxito de la lucha contra el virus. 

Sin embargo, los observadores destacan otro factor importante: la solidaridad social, la disciplina de la población. Los chinos están acostumbrados a cumplir todas las indicaciones y confían en sus autoridades.

Ya se puede

La 1ra. semana de octubre es feriado por el Día del Nacimiento de la República Popular China, “la temporada turística dorada”. 

Además el festejo estatal coincide con una celebración tradicional: la Mitad del Otoño. 

Millones de chinos se lanzan a viajes atractivos. El coronavirus no destruyó sus planes. 

En los primeros días de octubre viajaron 425 millones de personas, apenas 1,2 millón menos que en 2019, según informó el Ministerio de Cultura y Turismo.

La ocupación de los centros turísticos populares ha sido del 75%. “Para hoy se agotaron los pasajes”, informó el 3 de octubre la cuenta oficial Badalin, refiriéndose al tramo más popular de la Gran Muralla, en la red social Weibo (el análogo chino de Twitter). 

La industria turística en los feriados de octubre recibió 312.000 millones de yuanes (US$ 45.900 millones).

Los cines y teatros también revivieron. Entre el 1 y el 4 de octubre 62,4 millones de chinos miraron los estrenos. Las calles céntricas estaban colmadas. 

En la costanera Vaytay, en Shanghai, desde el 30 de septiembre patrulla la policía armada para mantener el orden público en la multitud.

“Las limitaciones casi han sido levantadas del todo. Sólo en el tren subterráneo, en los ómnibus y en las reparticiones oficiales no se puede estar sin máscara y esto es severamente controlado”, le contó a RIA Nóvosti, Vladislav Gazin, un ruso residente en Shanghai. Se puede viajar libremente por todo el país. 

“Tan sólo a los trabajadores de la educación le recomiendan no abandonar Shanghai porque, de lo contrario, deberán pasar los 14 días de cuarentena. Pero no sé en qué medida esto se controla con exactitud”, puntualizar Gazin.

Vladislav estima que la estadística oficial es creíble. “La vida volvió a su cauce habitual, no hay esas colas ante los establecimientos médicos como era en invierno. Además en internet no hayvideos, fotos o cualquier otra evidencia de que las autoridades reducen los indicadores”, aclara. 

Y agrega que los chinos se relacionan con gran seriedad con todas las medidas de precaución.

En otras grandes ciudades la situación es similar. “En Beijing rige el régimen de máscaras pero en general se aflojó mucho”, dice otro ruso, Ilia Vorzhev, habitante de la capital china. 

Según sus palabras, en la entrada a los centros comerciales antes se debía presentar el código de salud pero ahora los guardias dejan pasar a la agente así no más.

“No sigo la estadística pero, juzgar por todo no hay nuevos focos. Los chinos son dados al pánico y hubieran condenado esto de inmediato. Si los indicadores los bajan, seguro que no es mucho. Por otra parte, el país es demasiado grande y reducir un poco sencillamente es imposible”, reflexiona.

El analista Umarov considera que no se deben creer  por completo los datos de las autoridades chinas.

“Ellos cambiaron varias veces la metodología del conteo de nuevos casos y de muertes, durante mucho tiempo no contaron las infecciones asintomáticas –aclara el experto-. Pero, parece, la situación es totalmente estable, puntualmente no hay más focos y ocultar esto no es real, ¿para qué, además?”.

Ahora en China comenzó la fase 3 de las pruebas clínicas de la vacuna de las compañías locales CanSino Biologics, Sinovac Biotech  y Sinopharm. 

Desde finales de julio en el país ya se vacunaron centenares de miles de trabajadores delos sectores esenciales.

Los observadores confían en que la vacuna accesible para todos estará en los establecimientos médicos en las próximas semanas. 

Desde el 26 al 29 de octubre en Beijing sesionará el V Pleno del Comité Central del PCCh de la XIX convocatoria. Las autoridades no van a permitir un acontecimiento de semejante importancia política sea estropeado por un virus.