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Una jueza para la Corte Suprema, dramático final de campaña en USA

La jueza Ruth Bader Ginsburg sirvió 40 años en el banco federal. Su legado es la igualdad para todas las personas en un Estado de Derecho. Desde Thurgood Marshall, un jurista estadounidense no había dejado una marca tan profunda en el servicio de estos ideales. En 1993 los republicanos que no estaban de acuerdo con su nominación, sin embargo votaron para confirmarla: 96 a 3. Curiosamente, mantuvo una gran amistad con el juez Antonin Scalia y respaldó a su colega Brett Kavanaugh, a quien felicitó en 2019 por "incorporar a un equipo de secretarias legales exclusivamente femeninas". Donald Trump dijo que espera anunciar una propuesta de reemplazo la próxima semana y ​​pidió a los republicanos que avancen con urgencia en la nominación. Pero la senadora Susan Collins pidió posponer todo hasta luego de las elecciones.

Ruth Joan Bader Ginsburg fue una jueza y jurista estadounidense que destacó especialmente por su trabajo en la lucha por la igualdad legal de género. En 1972 fundó la sección de derechos de la mujer en la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles. En 1993 ella fue nombrada por el presidente Bill Clinton. Apodada "Notorious R.B.G." fue considerada un símbolo de la resistencia pública y de la justicia.2 Murió el 18/09/2020 por un cáncer de páncreas metastático.

Amy Vivian Coney Barrett es abogada y jurista, primera mujer juez en la Corte de Apelaciones del 7mo. Circuito, en Indiana, a quien ha comparado con su mentor y exjefe, el conservador Antonin Scalia. Desde 2017, Barrett fue agregada a la lista de Donald Trump de posibles candidatos a la Corte Suprema. Se cree que ella es su principal candidata a la vacante por la muerte de Ruth Bader Ginsburg.

El presidente Donald Trump anticipó que nominará en las próximas horas a una mujer para suceder a la jueza de la Corte Suprema, Ruth Bader Ginsburg, quien murió el viernes 18/09.

Ginsburg murió de cáncer después de una larga y condecorada carrera legal durante la cual defendió la igualdad de género. 

La atención en Washington se centró de inmediato en la cuestión de quién sucedería al ícono feminista y si Trump debería hacer un nombramiento vitalicio apenas 6 semanas antes de enfrentar la reelección.

“Nosotros [los republicanos] fuimos puestos en esta posición de poder e importancia para tomar decisiones por las personas que con tanto orgullo nos eligieron, la más importante de las cuales se ha considerado durante mucho tiempo como la selección de los jueces de la Corte Suprema de Estados Unidos. ¡Tenemos esta obligación, sin demora!", tuiteó Trump cuando aún no estaba frío el cuerpo de la jueza.

Mitch McConnell, el genuflexo líder de la mayoría republicana en el Senado, dijo que celebraría una votación para confirmar a quien fuera que nominara Trump. Contradictorio McConnell porque ante una situación similar en días de Barack Obama, él contribuyó a bloquear la designación.

Pero Susan Collins, senadora republicana por Maine, tuiteó: “Dada la proximidad de las elecciones presidenciales. . . No creo que el Senado deba votar sobre el candidato antes de la elección. Para ser justos con el pueblo estadounidense, que reelegirá al presidente o seleccionará uno nuevo, la decisión sobre un nombramiento vitalicio para la Corte Suprema debe ser tomada por el presidente, que es elegido el 3 de noviembre".

Los republicanos tienen una mayoría de 53 a 47 en el Senado y necesitan una mayoría simple para asegurar un nombramiento en la Corte Suprema. 

Mike Pence, el vicepresidente, votaría para romper un eventual empate. O sea que los demócratas precisan 7 senadores republicanos.

Si bien en el pasado fue partidario de posponer una votación en estas circunstancias, Lindsey Graham, el republicano que preside el comité judicial del Senado, ahora quizás opine como McConnell.

Todos quieren saber qué opinan los senadores Chuck Grassley, ex director del comité judicial del Senado, y Lisa Murkowski

Y Mitt Romney, el único senador republicano que votó contra Trump en el pedido de juicio político.

Aborto y elección

No habían pasado 24 horas de que se anunciara la muerte de Ginsburg, y Trump festejó el cántico de sus partidarios en un mitin de campaña en Carolina del Norte: "¡Llena ese asiento!"

“El artículo 2 de nuestra Constitución dice que el Presidente nominará a los jueces para la Corte Suprema; no creo que pueda ser más claro”, dijo a sus fans.

Una lista de 40 posibles nombres distribuidos por Trump este mes incluye a varias mujeres, incluida Amy Coney Barrett, jueza conservadora que el Presidente nombró para la Corte de Apelaciones del 7mo. Circuito en 2017.

El nombramiento de otro juez en la Corte Suprema, tras los nombramientos de Neil Gorsuch y Brett Kavanaugh, le permitiría a Trump inclinar la balanza en dirección a los conservadores. 

Sucede que, si bien en teoría había 5 jueces conservadores y 4 liberales, Gorsuch ha votado con sus colegas liberales en decisiones importantes como que las empresas no pueden discriminar a las personas homosexuales.

El tema es clave cuando los conservadores consideran una prioridad revocar el fallo 'Roe v Wade', la ley que legalizó el aborto en USA.

La Corte debe fallar sobre la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio, el programa de atención médica de Barack Obama, que los republicanos han prometido revisar.

Y sobre la inmigración.

Y sobre los aportes de dinero a la política. 

El Tribunal, además, podría desempeñar un papel fundamental en adjudicar el resultado de una elección en disputa entre Trump y Biden en noviembre.

Editorial de FT:

Muy interesante el texto editorial que decidió difundir el diario Financial Times, que no es liberal, para tomar posición sobre el asunto, a favor de posponer cualquier decisión:

"Cuán apropiado es que gran parte de la obra más distinguida de Ruth Bader Ginsburg se haya escrito en desacuerdo. Una mujer judía de Brooklyn antes de la guerra, su ascenso a la Corte Suprema de los Estados Unidos fue en sí mismo una especie de "No" - a los obstáculos de raza, clase y sobre todo género. En 27 años en el banquillo, ayudó a derribar los tres.

Con su muerte el viernes 18/09, la mayoría conservadora de la Corte Suprema ha perdido a su oponente más tenaz. Los liberales han perdido una figura que apreciaban más que a la mayoría de los presidentes demócratas. Y Estados Unidos ha perdido la oportunidad que tuvo de una elección "normal". Con seis semanas para que los votantes elijan un Presidente, la cuestión de cuándo y cómo ocupar el lugar de Ginsburg promete desplazar a la mayoría de los otros temas. "¡Llena ese asiento!" es el cántico que recibió al presidente Donald Trump en un mitin de campaña durante el fin de semana. Lo que le faltaba en gusto lo compensaba con claridad de intención. Una elección tensa se ha vuelto aún más volátil.

(...)

En su vida previa a su acción como litigante, ayudó a expandir la cláusula de protección igualitaria de la Constitución de una manera que se ha convertido en sentido común en la actualidad. Si ella nunca hubiera sido jueza, todavía sería recordada como una abogada de gran importancia.

Trump no está obligado a compartir su entusiasmo por estas y otras causas progresistas. Los republicanos del Senado ciertamente no votarán por un juez que los defienda. Habiendo bloqueado a un candidato de Barack Obama en 2016, aparentemente porque una elección era inminente, el partido espera instalar uno de los suyos antes de noviembre.

Apelar a su sentido del juego limpio y la reciprocidad parece exótico. Pero personas como el líder de la mayoría del Senado, Mitch McConnell, deberían al menos considerar la supuesta legitimidad de la Corte Suprema. El control conservador arraigado sólo vale hasta cierto punto si una gran parte del país lo considera mal habido. Ninguna de las partes se beneficia de un tribunal que no logra obtener un amplio consentimiento. Un proceso de nominación apresurado y abiertamente partidista comprometería a la institución. Es por eso que una senadora indecisa, la republicana Susan Collins, ya se ha opuesto a la votación del Senado.antes de las elecciones. Tal gesto al menos anularía la artimaña de 2016, drenando parte del resentimiento que dejó atrás. Con una pandemia y una recesión todavía en efecto, no es que Washington tenga escasez de otros negocios con los que seguir.

La celebridad tardía de Ginsburg reflejó su carisma tranquilo y sus conmovedores logros personales. Pero también capturó la rareza de la política estadounidense. En pocas democracias los jueces son tan conocidos y apreciados por su propio “lado”. Con el tiempo, Estados Unidos tendrá que examinar si un tribunal supremo tan politizado, uno que cada partido teme perder frente al otro, necesita una reforma. Lo que está en juego en cada nominación parece poco saludable.

Hasta entonces, sin embargo, basta reflexionar sobre las cualidades humanas e intelectuales que se perdieron el viernes pasado. “Una vida estadounidense extraordinaria” es la hermosa frase que el Sr. McConnell usó sobre Ginsburg. La prisa por reemplazarla sería una forma extraña de honrarla."