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En la Argentina de septiembre 2020 la pandemia es el dólar

La situación económica consume a la Argentina desde antes de la pandemia. Sin embargo, en septiembre 2020 se ha acelerado en forma peligrosa. El presidente Alberto Fernández, que acumula 2 meses de descenso consecutivo en su imagen positiva ante la opinión pública, enfrenta un muy intenso desafío de la realidad.

Alberto Ángel Fernández se encuentra malhumorado con la realidad pero resulta más cerca de ratificar que de rectificar, y eso es grave.

Algunos datos a tener en cuenta en la Argentina de septiembre 2020:


** Los agentes económicos reclaman al presidente Alberto Fernández un cambio de gabinete. El problema más importante para el jefe de Estado consiste en que uno de los funcionarios más cuestionados es Santiago Cafiero, su jefe de Gabinete de Ministros.

** Los agentes económicos desconfiaron, desconfían y desconfiarán de Cristina Fernández de Kirchner, la vicepresidente de la Nación y a cargo no sólo del Senado de la Nación, sino de la 1ra. minoría de electores en la Argentina y el vértice del gobernante Frente de Todos. Los agentes económicos ambicionaban una merma del poder de ella, a favor del 'albertismo', una ensoñación que nunca se concretó.

** Todo comenzó con la negociación de la deuda pública externa, que para una economía en la crisis intensa que padece la Argentina, debió resultar más breve y, en lo posible, acompañada por una negociación en simultáneo con el Fondo Monetario Internacional acerca del programa de gestión del futuro. En cambio, la Argentina decidió una negociación extensa, en la que fue subiendo su oferta hasta casi alcanzar los niveles demandados inicialmente por los acreedores, y dejando para más adelante la negociación con el FMI. Entonces ha ocurrido un bache o 'gap' temporal que estimuló una incertidumbre para la que no tuvo respuesta el equipo de Fernández.

** Hay enorme escepticismo acerca de la posibilidad que la Argentina alcance un acuerdo con el FMI en un plazo breve. Hay fundamentos para semejante sospecha: el Gobierno deudor insiste en que el FMI debe reparar culpas -un concepto psicológico pero no econométrico- acerca de su responsabilidad en la crisis, y por ese motivo aceptar la propuesta argentina, que hasta el presente sigue sin presentarse como un programa de gestión, con indicadores cualitativos y cuantitativos.

** El presidente Fernández ha mencionado, y reiterado, que él no tiene ni cree en un plan y, cuando fue muy presionado por los agentes económicos, deslizó que consideraba un conjunto de 60 medidas de reactivación de la economía, iniciativa que no es un plan ni responde a los criterios usuales para los organismos financieros multilaterales ni las empresas multinacionales ni la banca.

** Los funcionarios más cuestionados del gabinete de ministros son de la confianza del Presidente: el ya mencionado Cafiero, el canciller Felipe Solá, el ministro de Salud, Ginés González García; el ministro de Trabajo, Claudio Moroni; y el presidente del Banco Central, Miguel Ángel Pesce. Una especulación muy reiterada por estas horas consiste en que el Presidente no podría forzar cambios porque carece de posibilidad de ubicar los reemplazos, consecuencia de disputas de poder dentro del Frente de Todos que ganó las elecciones 2019 pero que no lidera Fernández.

** El Presidente ha patrocinado medidas del Banco Central para frenar la merma de moneda extranjeras en las reservas internacionales disponibles pero él no ha resuelto cómo obtener normalizar el flujo de ingreso de divisas. Mientras esto no suceda, la crisis seguirá latente, abultando las expectativas de colapso cambiario, o sea de inestabilidad del tipo de cambio, un precio fundamental de la economía argentina.

** La dificultad de las reservas cambiarias argentinas eran previsibles desde el 10/12/2019 cuando asumió el Presidente. Sin embargo, transcurridos 9 meses de aquel evento, nunca se resolvió cómo incrementar la genuina tenencia de dólares estadounidenses. Para los agentes económicos, esta imprevisión del Presidente es un hecho grave, y es ridícula su creencia de que con la inversión pública le resulta suficiente al país para normalizar su actividad económica.

** Las señales que envió la Administración conllevan el riesgo de mayor presión tributaria, en una economía de presión tributaria nominal exagerada. Los agentes económicos no arriesgarán capital alguno para participar de la pospandemia en estas condiciones. Esta conclusión resulta muy grave para una nación que hace 19 años sufrió un colapso institucional a causa de una crisis de su economía, también por iliquidez de dólares.