icon

Interesante explicación: ¿Por qué fracasan las estrategias para frenar los contagios?

Pese a una cuarentena de cinco meses y medio, el virus circula cada vez más en todas las provincias argentinas. Mientras el personal sanitario intensivista asevera el colapso, los anti-cuarentena salen a protestar. Entonces, ¿qué sucede en el país?

El ministro de Salud se basa en una presunción errada sobre el comportamiento social, según denuncia el doctor en Ciencias Sociales Daniel Feierstein.

Daniel Feierstein es un sociólogo y doctor en Ciencias Sociales argentino dedicado al estudio de genocidiosEs titular de la cátedra "Análisis de las Prácticas Sociales Genocidas" en la UBA, dirige el Centro de Estudios sobre Genocidio y la Maestría en Diversidad Cultural en la Universidad Nacional Tres de Febrero.


Ayer publicó en su cuenta de Twitter una interesante explicación social de por qué no frenan los contagios en Argentina pese a las estrictas medidas del gobierno. "La respuesta tiene muchas variables pero la fundamental no es médica sino sociológica".

El académico concluye que los discursos de los ministros de Salud de la Nación y de la Ciudad se basan en presunciones erradas. Ellos creen que deben apelar a la "responsabilidad ciudadana". 

"Sin querer ponerme muy técnico, podríamos decir que lo que suponen los médicos sobre el comportamiento social en pandemia es lo que Weber llama "acción racional con arreglo a fines": que calculan que el riesgo de contagiarse es preferible al de quedarse sin otras actividades".

Sin embargo, aclara que esta explicación no abarca a quienes incumplen las restricciones para juntarse con amigos o familiares. "El problema de fondo no es ese sino que la población en una catástrofe NO actúa según esa racionalidad ajustada a fines sino que se ve atravesada por acciones afectivas (tercer tipo en Weber) vinculadas a mecanismos de defensa psíquica como la negación y la proyección".

En respuesta algunas autoridades buscaron llevar calma a los ciudadanos, pero "para alguien en estado de negación, decirle que vamos mejor, que abrimos actividades y que no habrá colapso es el mejor modo de lograr que ratifiquen la negación".

El sociólogo concluye que "después de 30 años de estudiar las respuestas ante la catástrofe, lo más regular que se puede encontrar es precisamente que la acción humana en esos casos tiende a la negación y a la proyección. Nadie quiere aceptar la posibilidad de su muerte o la de sus seres queridos".

Entonces, afirma, los verdaderos enemigos son la negación y la proyección: "nada aporta suponer mala intención. No creo que nadie quiera que mueran argentinos. No sirve echarle la culpa a un político, al otro o a la población. Simplemente no estamos comprendiendo lo que pasa, cuanto menos a nivel de los comportamientos sociales".

Además ironizó que confiarle a los médicos el pronóstico del comportamiento social es como confiarle a los sociólogos la creación de la vacuna.