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Él es 'Vallo': Tiene parálisis cerebral, emigró y se gana el pan en Chile para su hija

Por más que la historia de ‘Vallo’ pueda parecer dramática, está llena de mucha fortaleza y alegría. Se ríe, siempre se ríe y eso ya es de valientes para quien, padeciendo una parálisis cerebral leve, tuvo que dejar Venezuela y emigrar a Chile en busca del pan de cada día para su hija. Ella tiene el mismo diagnóstico: parálisis cerebral y un alma alegre. Ahora por la pandemia, pasan por un momento complicado.

Johan encontró en la venta de golosinas el medio necesario para salir adelante como migrante venezolano en Chile. Foto: Cortesía Johan Castillo

Con María Amelia, su madre, su gran apoyo. Foto: Cortesía Johan Castillo

Le dicen ‘Vallo’ desde muy pequeño: Es un chiste, una anécdota larga, me advierte mientras echa una carcajada.

 

Tiene una risa muy contagiosa, por cierto.

 

Más allá, sonrío yo.

 

En verdad se llama Johan Castillo, es de Cabimas (estado Zulia) y nos cuenta su historia. No la del apodo (esa es muy larga) sino la de él como migrante quien, con parálisis cerebral leve, lucha por buscar el alimento para su hija que se quedó en Venezuela.

 

4 de mayo de 2018. Johan sale de Venezuela.

 

Unas semanas antes su madre, María Amelia, le había preguntado:

 

¿Tú eres capaz de venirte a Chile?

-Mamá, nunca digas no puedo.

 

Esa fue su respuesta.

 

Su maleta, parecía una cartuchera de lo pequeña que era, cuenta y vuelve a reír.

 

La llenó con un abrigo, sólo un cambio de ropa, y el sueño de darle una mejor calidad de vida a Aslid, su hija que se quedó en Venezuela.

 

Aslid también tiene parálisis cerebral. Y para que sepan, es preciosa y tiene una gran sonrisa.

 

Ahora sí. Con Aslid en su corazón y la pequeñita maleta, Johan cruzó la frontera en avión.

 

Ya en Chile sus palabras fueron: “Yo vengo aquí a trabajar”. Y así fue.

 

Tiene 42 años en sillas de ruedas, y ni eso, ni la dificultad en la movilidad de sus manos, ni en su habla, lo ha limitado para echar pa’ lante (como dicen los venezolanos)

 

Y se puso la caja con golosinas en las piernas...

Lo primero que hizo Johan fue vender empanadas fritas en la calle. Pero no le fue muy bien. No era rentable.

 

Aunque en algo estaba claro: “La vida es bella, la vida continúa, y al otro día vas a trabajar con el mismo ánimo”.

 

Y así hasta que, entre ruegos a Dios, encontró el negocio de su vida.

 

“Llegué un día cansado, con la cavita (así se le llama en Venezuela a una caja aislada térmicamente para conservar alimentos fríos o calientes) full de empanadas”.

 

Y sigue: “Mi mamá tenía una entrevista de trabajo y la acompañé. Cuando llegamos al lugar me dijo ‘quédate aquí, voy y vengo’. La esperé en una esquina y vi a dos personas discutiendo, botaron una caja de gomitas de eucalipto en la cesta de basura, cuando vi eso me reí y saqué la caja. No sabía qué hacer”.

 

Johan le preguntó a un venezolano que trabajaba justo en una tienda ubicada en esa esquina:

 

¿Chamo dime qué hago? ¿me la llevo a la casa?

-No chico, ponte la caja en las piernas para que veas.

 

Entonces, se puso la caja en las piernas y las gomitas “no tardaron ni media hora en venderse”.

 

“En eso dije, Papá Dios ya me diste el negocio, gracias”, cuenta Johan.

 

Con la ganancia de ese día, compró dos cajas más de gomitas, luego cuatro, luego 60 en un mes.

 

Desde entonces trabajaba de 9 a 13 horas, almorzaba y volvía a vender golosinas de 15 a 20 horas. De lunes a sábado.

 

Coronavirus: Todo cambió

La pandemia le frenó el negocio a Johan. Tiene 3 meses sin trabajar. 


Se queda en casa porque la localidad en donde vive, Santa Cruz, tiene muchos casos de coronavirus y en su condición es bastante peligroso exponerse.


Tiene temor.

 

Y es que tendría un mayor riesgo de complicación si llegara a contraer covid-19.

 

Otra historia del lado oscuro de la pandemia. De la crisis sanitaria y del desempleo que ha generado.

 

Pero, el coronavirus no será el límite, porque “el limite lo pone uno mismo. La discapacidad está en la mente. Mientras hayan ganas de trabajar y echar para adelante, no hay nada imposible”, asegura.

 

¿Y Aslid? Ha tenido en estos últimos meses el apoyo de sus familiares y amigos de Johan (algunos anónimos), quienes al conocer su historia a través de su cuenta de Instagram @vallocastillo le han ‘dado una mano’ y hasta una torta para su hija en su cumpleaños.

 

Y aunque han sido días complicados, Johan no pierde la calma, trata de reinventarse (todavía en medio de la pandemia) y se prepara para pronto volver a vender en la calle.

 

Pero, antes nos revela el secreto de su fortaleza: Dios.

 

“Dios es lo máximo, como él no hay nadie”.

 

Así, finaliza la última de nota de voz que recibí de ‘Vallo’.