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Cómo colaborar con el medioambiente desde la alimentación

Muchos creen que no se puede aportar al cambio climático y a la preservación de los ecosistemas desde acciones individuales sino que es la industria la responsable. Pero esto es un mito, ¿por qué?

Se estima que desde inicios del siglo XX la diversidad de animales se redujo un 20 % a causa de la sobreexplotación y la degradación de los ecosistemas.

Comúnmente se cree que no vale la pena realizar acciones individuales para aportar al medioambiente porque son las grandes políticas ganaderas y las decisiones financieras globales las que definen el nivel impacto en última instancia.

A pesar que esta afirmación contiene ciertas verdades, también conlleva una actitud pasiva y cómoda de los ciudadanos de a pie. Asimismo hay varias razones para contradecir el supuesto y creer que la conducta cotidiana y pequeña sí impacta en la flora, fauna y el clima.

Un estudio demostró que “la tasa de aprendizaje social tiene una gran influencia, hasta el punto de que la variación de su valor dentro de rangos empíricamente plausibles cambia la anomalía de temperatura global máxima en más de 1° C”.

Por otro lado, otra investigación evidencia que hay tres opciones para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero: mejorar la producción ganadera, tomar medidas de mitigación específicas y cambios en la dieta humana.

Sobre esta última afirman concluimos que la reducción del consumo de carne y lácteos de rumiantes será indispensable para alcanzar el objetivo de 2 ° C con una alta probabilidad, a menos que se produzcan avances tecnológicos sin precedentes”.

Sumado a los beneficios a la salud, a la economía personal y a los efectos beneficiosos en la reducción de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, se colabora en la disminución de residuos.

Un tercio del total de alimentos producidos mundialmente se tira a la basura, ya sea desde industrias, comercios y en los hogares. Una alimentación sostenible involucra el aprovechamiento de todos los recursos. 

The Lancet puntúa cómo deberían cambiar los hábitos para impactar al medioambiente: "la transformación a dietas saludables para el 2050 requerirá cambios sustanciales en la dieta. El consumo mundial de frutas, vegetales, nueces, semillas y legumbres deberá duplicarse, y el consumo de alimentos como la carne roja y el azúcar deberá reducirse en más del 50%. Una dieta rica en alimentos de origen vegetal y con menos alimentos de origen animal confiere una buena salud y beneficios ambientales".

En definitiva, en el proceso de esperar y buscar una transformación total, hay mucho para aportar desde la actividad cotidiana e individual.