icon

La economía coincide con Greenpeace: Obituario del carbón

El carbón es una roca sedimentaria muy rica en carbono y con cantidades variables de hidrógeno, azufre, oxígeno y nitrógeno, utilizada como combustible fósil. Suministra el 25% de la energía primaria consumida en el mundo, solo por detrás del petróleo. Es contaminante. Su quema genera emisiones de CO2 (convirtiéndolo en el principal causante del cambio climático) y la minería subterránea, gas metano (un potente gas de efecto invernadero). Su contaminación se filtra en el agua, la tierra, a través de grietas y hendiduras, aumentando el riesgo de asma, enfermedades cardíacas y cáncer, y causando la muerte prematura de miles de personas cada año. 

En Katowice, Polonia, las minas de carbón continúan siendo la principal actividad económica de la región. Están debajo, a 370 metros de profundidad.

Wojciech Dabrowski, director ejecutivo de PGE, la mayor empresa de servicios energéticos de Polonia. Él reclama una reconversión cuanto antes hacia energías más eficientes. Acaba de presentar 2 nuevos parques eólicos, Starza / Rybice y Karnice II, 43 turbinas con una capacidad instalada total de casi 100 MW, aumentando la capacidad instalada total de los parques eólicos de PGE en 20%.

La manifestación juvenil es en Varsovia, Polonia, contra la energía a base de carbón: Hay una grieta cultural, que también es generacional, acerca de la contaminación y las tecnologías.

En parte por financiación de su campaña electoral, Donald Trump adhirió a la industria del carbón en 2016 y eso provocó imitaciones en otros países. El combustible fósil intentó detener las reconversiones hacia energías limpias.

La industria del carbón es uno de los rostros opuestos a las energías limpias. No hay 'carbón limpio' pese a que los carboníferos dicen que podrían lograrlo.

Sin embargo, los carboníferos no sólo alientan la reelección de Trump sino que acaban de conseguir la de Andrzej Duda, en Polonia, la economía N°6 de la Unión Europea. 

El caso es muy interesante para conocimiento de países como la Argentina, donde todavía hay defensores del carbón por motivos sociales o bien políticos.

A principios de junio, casi 2 meses después de que el coronavirus comenzara a barrer las minas de carbón de Silesia, el gobierno de Polonia ordenó detener la producción de 3 semanas en 12 pozos en un intento tardío para frenar el brote. 

Sin embargo, en lugar de aplaudir un esfuerzo por proteger a los trabajadores, los líderes sindicales dispararon una carta furiosa exigiendo que se revocara la decisión.

No fue solo el hecho de que 6 de las minas no habían registrado casos del virus entre los mineros lo que enfureció a los jefes sindicales. Tal cierre, argumentaron, también llevaría a PGG, el mayor grupo minero de carbón de Polonia y el empleador de aproximadamente 40.000 mineros, al borde del colapso.

"En mi opinión, [esto] fue el inicio de un intento de liquidar algunas minas con el pretexto de coronavirus", fue la opinión de Dominik Kolorz, jefe de una rama regional del sindicato Solidaridad. "Pero nuestra reacción rápida frustró este esfuerzo".

Solidaridad no es cualquier sindicato. Cuando el sindicalista católico Lech Walesa fue el secretario general, Solidaridad fue eje del derrumbe del comunismo, con la protección del entonces papa polaco Karol Wojtyla (Juan Pablo II).

Los funcionarios del gobierno han negado que tengan la intención de utilizar la pandemia como una excusa para recortar empleos en una industria en dificultades que emplea a 80.000 personas. 

Sin embargo, es inevitable que Polonia tenga que debatir el futuro del carbón, de su generación de energía eléctrica y de la política ambiental para cumplir con los ambiciosos objetivos climáticos de la UE.

La Comisión Europea quiere hacer del cambio climático el centro de su agenda para los próximos 5 años. Si se quita a Alemania de la estimación, Polonia genera más energía a partir del carbón que el resto de las naciones de la UE combinadas.

Tal como sucedió en otros países, durante gran parte del siglo XX, el carbón fue el garante de la prosperidad. Hasta la década de 1980, Polonia fue 1 de los 5 principales productores mundiales. Incluso en 2019, el país extrajo del carbón el 74% de su electricidad. Polonia quemó más carbón que cualquier otro país y sólo Alemania quemó más lignito, el grado de carbón más contaminante.

Los nacionalistas

Sin embargo, las minas de carbón en Polonia han pasado de crisis en crisis. Y las compañías energéticas, que son estatales, comparten las pérdidas. La pandemia ha agravado esos problemas porque si bien los polacos en cuarentena redujeron 5% su consumo de electricidad, la industria del carbón cayó 12% porque la generación apostaba por las formas menos onerosas. 

A medida que se agotaron las reservas de carbón, los mineros tuvieron que cavar más profundo, y esto hace que cada tonelada de carbón sea más cara. 

Pero en las minas de propiedad estatal ocurrió algo peor: cuando la productividad en sus minas había caído 2%, los salarios promedio habían aumentado 13%. Los números no cierran.

Hay una restricción política: el partido gobernante de Polonia, Ley y Justicia, llegó al poder en 2015 reivindicando el carbón. En 2018, el ahora reelegido presidente de Polonia, Andrzej Duda, visitó un festival de mineros y prometió que no participaría de ningún plan para limitar el calentamiento global.

A pesar de que la UE quiere convertirse en 'carbono neutral' para 2050, el Plan de Energía y Clima de Polonia, presentado a la UE en diciembre 2019, afirma que en 2040 el carbón será el 28% de la producción de electricidad.

Los nacionalistas polacos de Ley y Justicia suman motivos 'estratégicos': no consumirán gas ruso. Moscú extorsiona a Ucrania, según ellos, y no caerán en la trampa.

Para Ley y Justicia, el carbón es garantía de independencia energética. 

Sin embargo, es inevitable que este enfoque cambie, y provoque debates durísimos dentro del gobierno y sus bases de apoyo.

"Necesitamos la transformación de nuestro sector energético mientras todavía tenemos espacio para maniobrar", advirtió Wojciech Dabrowski, director ejecutivo de PGE, la mayor empresa de servicios energéticos de Polonia. 

“Diferir las decisiones necesarias no mejorará la situación de los productores de energía. Todo lo que hará es dejarnos buscando soluciones de última hora en un momento en que nuestras opciones ya son muy limitadas", agregó Dabrowski.

En tanto, la Unión Europea presiona. Las empresas deben pagar por sus emisiones de CO2. Entonces, la producción de energía basada en carbón es cada vez más costosa. 

En enero, el gobierno anunció que construiría un depósito central para stockear el excedente de carbón acumulado, ya que hay un aumento en las importaciones de carbón más baratas, inclusive desde Rusia, desmintiendo que el carbón sea garante de la seguridad energética. 

Insostenible

En junio, los grupos estatales detrás de un plan para construir una nueva central eléctrica a carbón en Ostroleka admitieron que será con gas porque no lograron obtener financiamiento externo. Los bancos no prestan dinero a las centrales alimentadas a carbón porque no les ven futuro.

Los problemas tienen impacto social y cultural. “La vida giraba en torno a la mina: centros culturales, cines, tiendas, todo estaba conectado a la mina. Cuando la mina muere, todo a su alrededor también muere”, dice Rafal Jedwabny, un funcionario del sindicato Sierpien 80, que trabaja en la mina Murcki-Staszic en Katowice.

"Si [el ministro de Bienes Estatales, Jacek] Sasin, o [primer ministro, Mateusz] Morawiecki, anuncian que liquidan 5, 8 o 10 minas activas, todo lo que puedo decir es: 'Felicidades por su coraje'", dice Zietek. “Sería pura locura, suicidio político. Serían puestos contra la pared, en una situación sin escape”.

Pero energía estatal se está volviendo crítica. PGE, por ejemplo, perdió US$ 1.036 millones y no fue el único: PGG y Tauron, otros grupos de energía controlados por el Estado, también.

PGG ya propone a los sindicatos reestructurar algunas minas y recortes temporales de salarios. 

El Ejecutivo estudia regrupar la energía a carbón en una nueva entidad propiedad del Estado para permitir que la energía eléctrica renovable puede obtener financiación más barata de los prestamistas internacionales.

Esto fue lo que hizo Alemania hace 4 años, en el inicio del obituario al carbón.