icon

Rusia y Turquía replican en Libia su choque en Siria pero con petróleo

Mercenarios rusos y de otras nacionalidades ingresaron en el mayor campo petrolífero de Libia, confirmó la Corporación Nacional de Petróleo del país, en una estrategia para impedir la reanudación de la producción de petróleo en el país devastado por la guerra. En la dividida Libia, Rusia apoya al líder de las fuerzas del este lideradas por el comandante Khalifa Haftar, que libra una guerra contra el gobierno apoyado por la ONU con sede en la capital, Trípoli, y que cuenta con el respaldo militar de Turquía. Es una de las batallas por las reservas de recursos no renovables en que se empeña Rusia, que festeja las 396.000 toneladas de gas natural licuado (GNL) que exportó a China en junio, según un informe de Bloomberg citando datos de la Administración General de Aduanas de China, un aumento del 20,7% respecto de mayo. Las estadísticas mostraron que las exportaciones de GNL de USA a China ascendieron a 340.000 toneladas durante el mismo período, un incremento de 2,4%. Recuperado de la pandemia, el mayor consumidor de energía del mundo, China, importó 5,79 millones de toneladas de GNL en junio, aumentando sus importaciones 29% interanual.

El campo petrolero Sharara en el suroeste de Libia tiene la capacidad de producir un tercio de la producción de crudo del país. Libia situada en el norte de África, tiene una superficie de 1.759.540 km2, un país relativamente grande con una población de casi 7 millones de personas lo que significa que tiene una baja densidad poblacional de solo 4 habitantes por km2. El nivel de vida es muy bajo: 9 años de guerra civil.

La petrolera libia National Oil Corp logró restablecer los muelles de la terminal Es Sider, de acuerdo a un documento confirmado por Reuters. "Como parte de la revisión continua de la situación de fuerza mayor, recibimos una evaluación formal de seguridad con respecto a la Terminal Es Sider, que confirma que (el) buque en espera puede cargar a su llegada", es el dto que llegó a la OPEP.

Estratégica Sirte, en Libia. Un país de economía rica en recursos energéticos pero inestable, con una guerra civil en 2011, y otra desde 2014, por el control de los combustibles. Libia es un país atractivo para las diferentes potencias por sus reservas de petróleo (N°1 de África) y gas (4ta. de África). Por la cercanía de Libia a Europa, con Muamar al Gadafi fue el mayor proveedor de petróleo de los países del Sur de Europa. La Unión Europea está particularmente interesada en la estabilidad de Libia para detener el flujo de emigrantes hacia Europa.

Los intereses de Turquía por apoyar el GAN son múltiples, desde la rivalidad que mantiene con EAU (Emiratos Árabes Unidos), pasando por la lucha de Turquía para fortalecer su poder en el mundo musulmán y recuperar la esfera de influencia otomana, tal como lo puso de manifiesto el acuerdo firmado en noviembre de 2019 entre Turquía y Libia delimitando unas fronteras marítimas no reconocidas por la Comunidad Internacional. Qatar, por su papel como defensor del islam político y por sus tensiones con los saudíes, es el principal apoyo del GAN en el mundo árabe.

En Libia, los mercenarios rusos se reunieron la semana pasada con los guardias del campo petrolífero libio de Sharara, controlado por los combatientes de Haftar, según un comunicado de la National Oil Corp. (NOC).

A principios de 2020, una milicia conocida como Guardia de Instalaciones Petrolíferas, que recibe órdenes de Haftar, ayudó a cerrar la producción de petróleo cuando las tribus aliadas a Haftar iniciaron un bloqueo de los puertos petroleros de Libia, desafiando al gobierno de Trípoli.

Después de 9 años de conflicto civil, Libia ha quedado partida en 2, con una frontera marcada por el petróleo. Desde enero, la producción y distribución están bloqueadas por las fuerzas rebeldes del mariscal Jalifa Haftar, y la producción se ha hundido de 1,2 millón de barriles diarios, a 100.000 barriles, dañando las finanzas y la estabilidad del Gobierno de Unidad Nacional de Trípoli (GNA), que controla las reservas del Banco Central nacional, en su mayoría procedentes de los ingresos del petróleo. 

Pero, aunque Libia tiene las mayores reservas de petróleo de África, no puede exportarlo desde enero, lo que le costó a NOC más de US$ 6.000 millones en ingresos perdidos. La idea es asfixiar a Trípoli.

Es una situación inversa a la que sucede en Venezuela, donde Rusia sostiene a Nicolás Maduro, mientras USA intenta ahogarlo impidiéndole exportar crudo.

Mustafá Sanalla, presidente de NOC, afirmó que la pérdida de ingresos petroleros castiga a toda la población, no sólo a los funcionarios de Trípoli, y que ocurre un “desastroso deterioro de nuestra infraestructura petrolera”. Es un discurso similar al de Maduro en Venezuela.

Pero la intervención de Turquía ayudó mucho al GNA. De hecho, pudo levantar el cerco a Trípoli que mantenía Haftar. Y ahora Turquía quiere capturar Sirte, el bunker de Haftar y su Ejército Nacional Libio (LNA, por sus siglas en inglés), quien además del auxilio de Rusia logró el de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Francia y Egipto. 

Precisamente, Egipto ya fue autorizado por su Parlamento a desplegar tropas en Libia si el GNA supera la línea roja, tal como sucede con Turquía en el otro bando. Desde enero, Erdogan envía barcos, drones y milicianos islámicos sirios. 

Un informe confidencial de Naciones Unidas al que tuvo acceso la agencia DPA en mayo reveló que entre 800 y 1.200 milicianos del Grupo Wagner, empresa privada rusa a la que se apoda "el Halliburton de Moscú", combaten en Libia junto a las tropas rebeldes. Halliburton fue/es el gran contratista del Pentágono en Irak y Afganistán.

"Turquía estaría abierta a diferentes opciones y una alternativa podría ser una fuerza internacional, pero no acepta que sean los rebeldes quienes tengan el control absoluto" de la zona petrolera, tal como ocurre desde 2015, según el analista Galip Dalay, en la web especializada Middle East Eye (MEE). 

Ankara desearía tener un enclave en esa parte del Mediterráneo, y participar directamente de la industria del petróleo y el gas. 

Luego de rezar en la reconvertida Gran Mezquita Hagia Sophia, Recep Tayyip Erdogan se reunió con Fayez Sarraj, presidente del GNA, confirmando su compromiso en Libia.

En definitiva, Ankara y Moscú han trasladado al norte de África la tensión que mantienen en Siria, con una diferencia: en Siria no hay petróleo como en Libia.