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Prioridad: conservar las facultades mentales pero hay que saber lograrlo

La falta de actividad física es un factor de riesgo conocido para bastantes enfermedades, incluyendo dolencias cognitivas como las caracterizadas por problemas de memoria y de capacidad de concentración. Sin embargo, los polémicos resultados de una investigación reciente sugieren que hay más elementos a tener en cuenta cuando se intenta analizar tan solo la relación entre profesión (sedentaria o con actividad física) y nivel de conservación de las facultades mentales al envejecer.

Algunas pautas a seguir para tener una buena salud mental y física.

Mantenerse activo para mantener una buena salud mental y física permite segregar dopamina y con ello reducir los niveles de estrés, ira o ansiedad. 

También es importante descansar alrededor de 8 horas diarias para mejorar los problemas físicos y psicológicos ya que el descanso en las horas de sueño se denomina reparador. 
 
Sin embargo, a la vez la vida social es muy importante para reforzar las capacidades cognitivas como la memoria y sobre todo evitar el aislamiento. Una vida social plena y con personas de calidad es muy probable que permita una sana diversión. 

Porque divertirse es otro punto fundamental para mantener una buena salud mental y física. 

Y realizar actividades que agraden, ya sea solo o en compañía, lo esencial es disfrutar de lo que estás haciendo. 

Otra manera de mantener una buena salud mental es a través de la relajación: desde un buen baño a pasear por la playa p escuchar a tu cantante favorito o meditar.

Todo esto es importante de tener en cuenta por lo siguiente:

A lo largo del estudio de seguimiento EPIC-Norfolk Cohort, el equipo de Shabina Hayat, de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido, analizó los patrones de actividad física de 8.500 hombres y mujeres que tenían entre 40 y 79 años cuando el EPIC-Norfolk Cohort se puso en marcha. 

Esas personas tenían una amplia gama de antecedentes socioeconómicos y de niveles de logro académico. 

Hayat y sus colegas pudieron separar la actividad física durante el trabajo y la realizada durante el ocio para ver si estas tenían diferentes asociaciones con la conservación de las facultades cognitivas en una etapa posterior de la vida.

Como parte del estudio general, los participantes completaron un cuestionario sobre salud y estilo de vida, que incluía información sobre el nivel de actividad física tanto en el trabajo como en el ocio, y se sometieron a un examen de salud.

Después de un promedio de 12 años, los voluntarios fueron invitados a regresar y completaron una batería de pruebas que midieron aspectos de su cognición, incluyendo la memoria, la atención, la velocidad de procesamiento visual y la habilidad de lectura.

Según Noticias de la Ciencia, el equipo de Shabina Hayat descubrió varias tendencias:

1. Los individuos sin títulos académicos tenían más probabilidades de desempeñar trabajos físicamente activos, pero menos probabilidades de ser físicamente activos fuera del trabajo.

2. Más allá del nivel de educación, quienes durante todo el período de estudio permanecieron en un trabajo con poca actividad física (un trabajo de oficina ante un escritorio) fueron los que más probabilidades tuvieron de estar en el grupo de quienes lograron una mejor puntuación en las pruebas cognitivas. Este grupo lo integraba el 10% del total de sujetos de estudio.

3. Las personas dedicadas a oficios que exigen actividad física afrontaban un riesgo casi tres veces mayor de tener una mala capacidad cognitiva que las personas con un empleo sedentario.

4. Lo que más bien sugieren los resultados de la investigación es que la relación entre la actividad física y la cognitiva no es tan directa y simple como se ha venido creyendo. 

Hayat advierte: "Si bien la actividad física regular tiene considerables beneficios para la protección contra muchas enfermedades crónicas, otros factores pueden influir en su efecto sobre la mala cognición futura". 

El hecho de que en las pruebas, las personas que tenían empleos con poca actividad física (que típicamente realizaban estando sentadas ante un escritorio en una oficina) realizaban con más eficiencia las pruebas cognitivas en forma independiente de su educación, sugiere que los empleos de oficina tienden a exigir mayor esfuerzo mental que las ocupaciones que se realizan mediante la actividad física.

Entonces, pueden ofrecer más protección contra el declive cognitivo.

La investigación sigue en curso.