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Desespera a Trump una Convención Republicana con distanciamiento social y tapabocas

Donald Trump mudó su acto de aceptación de la candidatura por el Partido Republicano para intentar un 2do. mandato consecutivo a Jacksonville, Florida, porque en Charlotte, Carolina del Norte, se encuentran vigentes normas de seguridad sobre las reuniones públicas que impediría una multitud sin distanciamiento social y sin mascaras faciales alentándolo. Pero hoy día en Jacksonville ya está vigente un protocolo similar al de Charlotte, que los republicanos precisan que sea modificado.

Donald Trump quitándose una mascarilla en una visita a Ford.

Jeff Greenfield, analista y autor de televisión en 5 ocasiones ganador de un Emmy, lo expresó con precisión: "Es la peor pesadilla de Donald Trump: dar su discurso de aceptación frente a una arena medio vacía, frente a una audiencia cuyas caras están cubiertas de máscaras, amortiguando sus vítores y cánticos.

Pero es exactamente a lo que se enfrentaría si el edicto de junio de las autoridades de Jacksonville, Florida, que ordena que se apliquen máscaras para todas las reuniones en interiores, permanecerá vigente hasta fines de agosto. Hay un giro especial en este fallo: los republicanos habían mudado su convención de Charlotte, Carolina del Norte, una ciudad que había establecido normas de seguridad sobre las reuniones públicas, solo para que el Presidente pudiera obtener el tipo de multitud que quería.

A partir de ahora, la convención planificada de Jacksonville parece otro golpe al hambre insaciable de Trump por las multitudes. El inicio de su campaña en Tulsa, Oklahoma, fue una vergüenza cuando la campaña afirmó que había tenido más de 1 millón de solicitudes de boletos, y el Presidente terminó hablando en una arena con muchísimas butacas vacías pese a que sólo es de 19.000 asientos. 

Antes, según informes de prensa, sus colaboradores habían atravesado la arena, eliminando letreros de distanciamiento social, esperando que una multitud se congregara, en violación directa de la política de los dueños del miniestadio.

Para Trump, la cobertura de la prensa burlona marcó el final de 5 años de uso triunfante de las multitudes. 
Trump ha hecho que las manifestaciones formen parte de una campaña permanente.

Su primer día en el cargo, estuvo dominado por el espectáculo de su secretario de prensa, Sean Spicer, exigiendo que la prensa modificara la evidencia obvia de que Trump había atraído a una multitud inaugural de menos cantidad de gente que la de Barack Obama. 

Al jactarse de que nunca había tenido un asiento vacío en un mitin, Trump se estaba preparando para el tipo de derrumbe que Tulsa proporcionó.

Jeff Greenfield es coautor con Jerry Bruno, personaje clave del marketing político, del libro de 1971 "The Advance Man" (El Hombre Adelantado), que sostiene que no son los números lo que importan. Es la percepción que tenga el público. Su primera regla es: "Siempre es más impresionante llenar una sala pequeña que llenar la mitad de una sala enorme".

"Parece más impresionante, se siente más emocionante", escribió Bruno en "The Advance Man", "entrar en una sala de 5.000 asientos repleta de gente que ver a 30.000 personas en el Yankee Stadium".

La Ley de Bruno le provocó un problema a Trump en Tulsa y es lo que precisa evitar en el resto de su campaña.

Pero en estos días las multitudes no son una forma segura de medir la fuerza política. En las primarias de 2020, Bernie Sanders atrajo a miles; Joe Biden tuvo problemas para llenar una habitación de guardarropa. Pero los votantes primarios reales le dieron la victoria a Biden sobre Sanders. 

La campaña de Trump podría haber apuntado que en Tulsa había 6.000 personas pero más de 6 millones en la pantalla de Fox News y otros medios.

Pero es Trump quien necesita el estado repleto y gente alentándolo sin barbijo para decirle a los estadounidenses que hay normalidad en el horizonte. Y esto es lo que no está pudiendo concretar.