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Se habla del "lado B" del yacimiento, pero los daños cada vez se vuelven más protagonistas. Esta semana se visibilizaron los residuos contaminantes, pero es solo una arista de los múltiples efectos colaterales del negocio.

Vaca Muerta​ es un yacimiento de 30 mil kilómetros cuadrados de formación geológica de shale. Geográficamente se sitúa en la cuenca neuquina​ y abarca las provincias de Neuquén, Río Negro, La Pampa y Mendoza.

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El último fue ayer al mediodía con epicentro en Sauzal Bonito, entre Añelo y Cutral Co, provincia de Neuquén. Según la Red Geocientífica Chile, el sismo fue de 4,4° Ritcher.

El sismo lo sintieron poblaciones de la capital de Neuquén, Plottier, Centenario, Cipolletti y también en Roca, ciudad vecina en la provincia de Río Negro.

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The Wall Street Journal provoca el debate: "Las empresas de esquisto (N. de la R.: o fracking o shale) tuvieron pésimos rendimientos. A sus directores ejecutivos les pagaron de todos modos, incluso cuando sus accionistas perdieron miles de millones de dólares."

En la crisis del petróleo ocurre una pregunta: ¿Y si el fracking, en parte, fue una burbuja de ejecutivos?

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Vaca Muerta fue una política de Estado, probablemente la única, entre Cristina Fernández de Kirchner - Mauricio Macri - Alberto Fernández, hasta que llegó la pandemia, destruyó el precio de los hidrocarburos y hay un gran problema no sólo en Neuquén sino también entre las empresas que apostaron por Vaca Muerta, comenzando por YPF. Ese es el marco para comprender los cambios que dispone el Gobierno argentino en su Secretaría de Energía (que no quiso convertir en Ministerio).

Las reservas de gas del megayacimiento hidrocarburífero no convencional argentino lo convierten en el segundo a nivel mundial. Vaca Muerta es la indicada en el sector energético argentino, y las inversiones extranjeras se buscan por parte del Gobierno. Para eso, el riesgo país deberá disminuir.