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El debate en Chile sobre una nueva Constitución es parcial, antojadizo y oportunista, afirman quienes consiguen salir de la pasión del lugar y el momento. Además, los chilenos se han metido en un laberinto haciendo convivir un proceso electoral y una reforma constitucional. Lo interesante es que en The Clinic, que nada tiene que ver con el conservadorismo, lo escribió un chileno profesor universitario de Derecho, Antonio Bascuñán.

"Con todo respeto por la fecundidad constructiva de esa ilusión para el futuro cercano, el hecho es que la Constitución de Pinochet nunca entró en vigor. Sólo una parte de ella rigió hasta 1989 y la Constitución que rigió íntegramente desde entonces lo hizo habiendo sido ya modificada. Y siguió siéndolo. Desde entonces, ha sido modificada 50 veces. La más importante fue la efectuada el 2005 bajo el gobierno del Presidente Ricardo Lagos, al punto que el texto auténtico de la Constitución actual lleva su firma."

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Muchos jóvenes idealistas chilenos se asemejan a los aspirantes a revolucionarios de la serie polaca "1093" (Netflix). La pregunta es si su agenda previa al coronavirus es la misma post coronavirus. Peor aún: si ellos realmente creen que una nueva Constitución les permitirá cumplir sus ambiciones de cumplimiento postergado. El más grave problema de la historia, sigue siendo el de "Dark" (Netflix), la historia circular.

El gráfico permite un ejercicio interesante acerca del resultado electoral en Chile. Hagan juego señores y señoras.