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Los investigadores han revelado que perder menos peso tras una dieta en la adolescencia está relacionado con una conexión mayor entre las áreas cerebrales de la motivación por comer y el efecto de recompensa de la comida.


Varias zonas cerebrales de personas con sobrepeso se conectan de forma distinta a los cerebros de individuos sanos. Estas diferencias están vinculadas a la dificultad para seguir una dieta, realizar ejercicio físico y perder peso.

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Científicos hallaron un nuevo tipo de célula presente en el tejido adiposo de ratones. Tras una serie de pruebas, corroboraron que son responsables de la inflamación crónica, causa primera de múltiples enfermedades y trastornos.

Hay 1.900 millones de personas con obesidad en todo el mundo. Cada año la enfermedad se vincula a 2,8 millones de muertes.

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La enfermedad está ligada al sobrepeso y la obesidad. A su vez, los varones con estas condiciones tienen bajas concentraciones de la principal hormona sexual masculina. Investigadores australianos evaluaron un tratamiento bajo este enfoque.

Los hombres con sobrepeso u obesidad suelen tener concentraciones bajas de testosterona, por lo que se asocian con un mayor riesgo de diabetes tipo 2.

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La diabetes tipo 2 abarca el 90% de todos los casos de la enfermedad. El sobrepeso u obesidad es la principal causa y un reciente estudio demuestra los efectos que generan pequeños cambios en el estilo de vida.

En todo el mundo más de 463 millones de personas tienen diabetes y se estima que la mitad de todos los enfermos no tienen diagnóstico y tampoco llevan un buen control glucémico.

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Los países con mayor inseguridad alimentaria son los que tienen las tasas más altas de obesidad en adultos. A nivel global, la población ha engordado entre 5 y 6 kilos por persona en los últimos 31 años y la prevalencia aumentó un 27% en adultos y un 47% en niños. 

El 62% de las personas obesas del mundo viven en países en desarrollo.

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La investigación arrojó nuevas pistas sobre la capacidad de un lípido llamado 12-HETE para reconstruir la comunicación cerebro-intestino, alterada en pacientes con la enfermedad. 

Los intestinos recibieron el nombre de "segundo cerebro" porque funcionan de forma autónoma, sin tener que recibir necesariamente órdenes del cerebro. Además incluyen el 70% de las células inmunes del cuerpo y la mayor parte de la serotonina. Por este motivo los intestinos están directamente relacionados al estrés y el estado de ánimo.

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Desde inicios del 2019 The Lancet, una de las revistas científicas de mayor prestigio global, advierte sobre el problema de salud global que generaría la crisis ambiental, la obesidad y la desnutrición. 

La Sindemia es un término introducido por el antropólogo y médico Merrill Singer en la década de los 90 para describir una situación en la que “dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos patologías".

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En 2020, un equipo de neurocientíficos de la Universidad de Reading (Reino Unido) demostró que la curiosidad y el hambre comparten regiones cerebrales. El dato no es menor y debería ayudar a una mejor comprensión de ciertas conductas que son negativas en cuanto al sobrepeso.

Ya existían ciertas sospechas. Hambre y curiosidad son dimensiones grandes impulsores de la motivación. El hambre es capaz de llevarnos a situaciones extremas para conseguir alimento. La curiosidad también ha llevado al ser humano a cruzar fronteras inimaginables. El equilibrio es decisivo para no cometer excesos.

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La medida del Ministerio de Salud de la Nación se publicó hoy en el Boletín Oficial en la Resolución 1643/2020.

Luego del sobrepeso, la OMS clasifica la obesidad en 3 clases. Sólo las últimas dos serán consideradas de riesgo de ahora en adelante.

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Se publicó en el Boletín Oficial de hoy. Responde a la evidencia internacional que sitúa a personas con obesidad en desventaja frente a la COVID-19. 

La lista de grupos de riesgo ahora incluye: personas con enfermedades respiratorias crónicas, con enfermedades cardíacas, con insuficiencia renal crónica, diabéticas, con inmunodeficiencias, pacientes oncológicos y trasplantados, con certificado único de discapacidad, o con obesidad.

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Además de los efectos perniciosos ya conocidos de la enfermedad, la investigación en el campo cobró relevancia a raíz de la pandemia ya que posiciona a las personas en desventaja frente al virus de la COVID-19. 

En el mundo hay 1.900 millones de personas con obesidad y al año la enfermedad está detrás de alrededor de 2,8 millones de muertes.

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Desde el inicio de la pandemia se ha buscado la respuesta a por qué algunos pacientes enferman más gravemente que otros. En casos de obesidad y sobrepeso la explicación es multicausal. 

Personas con obesidad tienen un 113% más de probabilidades de ingresar al hospital, un 74% más de probabilidades de necesitar cuidados intensivos y un 48% más de muerte.

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6 de cada 10 personas con obesidad de grado 1 consideran que solamente tienen sobrepeso. Lo mismo con el 31% de los que tienen obesidad tipo 2 y el 25% de quienes padecen la tipo 3. 


La enfermedad está vinculada a una menor expectativa de vida debido a su asociación con otras enfermedades como diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, hipertensión, dislipidemia, apnea obstructiva del sueño, enfermedad renal crónica, enfermedad del hígado graso no alcohólico y cánceres.

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La Sociedad Argentina de Nutrición explica que el primer paso para abordar una enfermedad es darle la denominación correcta. En Argentina todavía se la define como “condición” o “factor de riesgo”.

En Argentina todavía se la define como “condición” o “factor de riesgo”.

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Tras la realización de un estudio internacional, el investigador principal dijo que los desarrolladores de vacunas deberán poner atención en los datos relevados.

La obesidad aumenta el riesgo de morir por COVID-19 en casi un 50%.