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Revela The Wall Street Journal que Darren Woods, de Exxon; y Mike Wirth, de Chevron, hablaron en 2020 sobre una eventual fusión de sus empresas, lo que si se concretara resultaría en una de las fusiones corporativas más grandes de la historia.

Darren W. Woods, N°1 de Exxon. Muchos inversores, analistas y ejecutivos de energía han pedido la consolidación de la atribulada industria del petróleo y el gas, argumentando que reducir los costos y mejorar la eficiencia operativa ayudaría a las empresas a sobrellevar la recesión inducida por la pandemia.

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Exxon perdió alrededor de US$ 680 millones en el 3er trimestre porque la pandemia reduce los viajes en todo el mundo, disminuyendo la necesidad de combustible. Los ingresos cayeron a US$ 46.2 mil millones, cayendo por debajo de la línea de los US$ 65,05 mil millones, las ganancias del mismo trimestre pero del 2019.

Exxon y Chevron perdieron dinero en este 3er trimestre pero si lo comparamos con los números terroríficos del 2do trimestre, este se convierte en una fiesta.

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“Exxon era una superpotencia en todos los sentidos de la palabra: una acción de 1ra. clase que repartía dinero año tras año, con una tarjeta de presentación para líderes extranjeros que rivalizaba con los mejores diplomáticos internacionales, y con un conocimiento geopolítico que superaba a la mayoría de las agencias de inteligencia”, recuerda Amy Myers Jaffe, profesora de The Fletcher School, en Tufts University. “Fue una de las apuestas más seguras en Wall Street. Pero ya no tiene este estatus”. Incluso antes de que el coronavirus destruyera la industria petrolera mundial, ExxonMobil, una vez la más valiosa del mundo por capitalización de mercado, estaba luchando. La pandemia golpeó duro. En marzo, las agencias de calificación lo rebajaron; en agosto perdió su lugar en el Dow Jones Industrial Average. Y una vez famosa por sus altos márgenes y bajo apalancamiento, ExxonMobil ahora está sumida en una deuda y quizás una 3ra. pérdida trimestral consecutiva.

ExxonMobil se aferra a los combustibles fósiles, una apuesta cada vez más riesgosa.

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Vaca Muerta fue una política de Estado, probablemente la única, entre Cristina Fernández de Kirchner - Mauricio Macri - Alberto Fernández, hasta que llegó la pandemia, destruyó el precio de los hidrocarburos y hay un gran problema no sólo en Neuquén sino también entre las empresas que apostaron por Vaca Muerta, comenzando por YPF. Ese es el marco para comprender los cambios que dispone el Gobierno argentino en su Secretaría de Energía (que no quiso convertir en Ministerio).

Las reservas de gas del megayacimiento hidrocarburífero no convencional argentino lo convierten en el segundo a nivel mundial. Vaca Muerta es la indicada en el sector energético argentino, y las inversiones extranjeras se buscan por parte del Gobierno. Para eso, el riesgo país deberá disminuir.