Sabado 17.4.2021

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    7 lecciones pandémicas en el Día de la Salud, de cara a la segunda ola

    Tras más de un año de sobrevivir a un brote global de una enfermedad desconocida, los aprendizajes acumulados se vuelven imprescindibles para atravesar el nuevo pico de casos.

    ELIZABETH MAIER

    @ElizabethMaierC

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    La temida y previsible segunda ola de COVID-19 ya "es un hecho" en Argentina, según aseveró ayer la ministra de Salud de la Nación, Carla Vizzotti. El número de casos sigue un ritmo acelerado de incremento y los sistemas de salud comienzan a resentirse.

     

    Mientras tanto, el mundo conmemora el Día Mundial de la Salud. Por segundo año consecutivo, la jornada se inscribe en un contexto pandémico que ha puesto de cabeza las economías y, por supuesto, la salud de todos los habitantes del globo.

     

    Cada 7 de abril se recuerda la creación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) luego de la Segunda Guerra Mundial. El objetivo es, desde aquel entonces, cooperar entre Estados para proteger y garantizar el bienestar de sus habitantes. 

     

    En este 2021, el lema escogido por la OMS es “Construir un mundo más justo y saludable”, con la finalidad de hacer foco en los desiguales impactos de la COVID-19 en las poblaciones.

     

     

    7 lecciones

     

    Tras más de un año de pandemia, los aprendizajes en temas de salud han marcado un antes y un después en todo el mundo. Por eso, mientras Argentina ingresa en la segunda ola, estas son las 7 lecciones imprescindibles para atravesarla de la mejor manera posible. 

     

     

    1- La comunicación digital ha visto uno de sus mayores saltos desde el inicio del brote en Wuhan, China. Han abundado teorías y desinformaciones tanto sobre la enfermedad, como de la forma en la que surgió. Por este motivo, luego de un año de esquivar conspiraciones y falsedades, uno de los mayores aprendizajes es a informarse de fuentes confiables acerca de temas que comprometen la salud. 

     

    El presidente de Mayo Clinic Internacional, Anton Decker, dijo que: 

     

    La pandemia nos ha enseñado mucho. Primero, vimos que el mundo necesita una fuente confiable de conocimiento, pero el conocimiento en sí mismo no basta debido a que solo es útil cuando funciona como los cimientos para la colaboración, la gente, los procesos y la tecnología. 

     

    2- En este sentido, la pandemia también ha revelado la dependencia de la humanidad hacia la ciencia y los científicos. Investigadores de todo el mundo han trabajado contrarreloj para encontrar tratamientos existentes para COVID-19, así como las vacunas.  

     

     

    3- Sin embargo, a pesar de la amplia cobertura de vacunación en países ricos, las naciones de menores ingresos son testigos de las consecuencias del virus, que no golpea a todos por igual. El comunicado de la OMS dice:

     

    Como ha puesto de manifiesto la COVID-19, algunas personas pueden llevar una vida más sana y tener mejor acceso a los servicios de salud que otras, debido enteramente a las condiciones en las que nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen.

    Asimismo agrega que, "en todo el mundo, algunos grupos luchan por llegar a fin de mes con pocos ingresos diarios, tienen peores condiciones de vivienda y educación y menos oportunidades de empleo, experimentan una mayor desigualdad de género y tienen poco o ningún acceso a entornos seguros, agua y aire limpios, seguridad alimentaria y servicios de salud. Todo ello provoca sufrimientos innecesarios, enfermedades evitables y muertes prematuras. Y perjudica a nuestras sociedades y economías”. 

     

    Esta realidad no solo es injusta, sino que es evitable. El impacto de la pandemia ha sido más fuerte en las comunidades que ya eran vulnerables, que están más expuestas a la enfermedad, que tienen menos probabilidades de acceder a servicios de salud de calidad y que tienen más probabilidades de sufrir consecuencias adversas como resultado de las medidas aplicadas para contener la pandemia. 

     

     

    4- Si el coronavirus ha puesto algo en relevancia, es que la salud de las personas no empieza y termina con una enfermedad. Por el contrario, se constituye a lo largo de los años con las condiciones ambientales, las condiciones genéticas y los hábitos. 

     

    De hecho, quienes sufren de comorbilidades son más propensas a enfermarse gravemente de COVID-19, lo que significa una mayor probabilidad de hospitalización, de cuidados intensivos, de asistencia mecánica para respirar e incluso de muerte. 

     

     

    5- Paralelamente, el último año ha demostrado que la salud no es simplemente la ausencia de enfermedades sino un estado de completo bienestar físico, mental y social. Mientras el Sars-coV-2 se extendía por el mundo, muchos se han visto afectados a nivel emocional y psicosocial. La inestabilidad, la falta de control, el desvanecimiento de las certezas y la sensación de desamparo han vulnerado la salud a la par de la COVID-19.  

     

    Al respecto, el Observatorio De Psicología Social Aplicada (Opsa) de la UBA detectó que las palabras que definen lo que significó el 2020 para los encuestados fueron, en su gran mayoría, de valencia negativa. Las más repetidas fueron incertidumbre, tristeza, angustia, miedo, soledad, desastre y pérdida. 

     

    Los investigadores preguntaron a las personas cómo era su bienestar actualmente, en comparación a cómo estaba antes de la crisis del coronavirus. El 60% respondió que estaba algo peor o mucho pero que antes. 

     

    No obstante, cumplido un año de pandemia los datos arrojaron que, por primera vez, las emociones negativas cambiaron de tendencia y disminuyeron respecto al espectro de indicadores que evidenciaban su incremento. 

     

     

    6- Mientras la Argentina espera anuncios oficiales de medidas y restricciones de cara a la segunda ola, hay dos lecciones que serán imprescindibles recordar. En primer lugar, la necesidad de mantenerse activos y en movimiento aun dentro de casa.  

     

    Según el Observatorio de Tendencias Sociales y Empresariales de la Universidad Siglo 21, el 44% de la población argentina pasa la mayor parte del día acostado o sentado. 

     

    Pero a pesar de las dificultades que se presentan actualmente, la actividad física sigue siendo un remedio natural que previene enfermedades, disminuye el malestar y acrecienta la sensación de bienestar. 

     

     

    7- Finalmente, después de decenas de investigaciones y ensayos, es evidente que lo que se necesita para cortar la cadena de trasmisión es más ventilación de espacios cerrados, menos aglomeración y menor énfasis en desinfectar superficies. 

     

    Cada contacto con una superficie contaminada tiene menos de una en 10 mil posibilidades de causar la enfermedad, de acuerdo a los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC). 

     

    Por el contrario, los riesgos sí disminuyen mediante el uso de máscaras, la limpieza de rutina, la ventilación y la higiene de las manos.